Arriba, los Pirineos

Casi siempre son los ríos los que modelan un territorio a su capricho. Sus aguas correrán veloces si bajan por una zona montañosa, e irán más tranquilas si se mueven por la barriga de una planicie, antes de entregar su bien a otro río más grande.

Aragón debe su nombre al río rebelde que nace en los Pirineos. El río Aragón tiene una vida breve en esta tierra porque la abandona pronto para engordar su cauce en la vecina Navarra. Muchos kilómetros más abajo se junta con el Ebro en La Rioja, otra Comunidad que tiene nombre de río, sin que sea el más importante.

Efectivamente, el gran río de estas Comunidades norteñas (Aragón, Navarra, La Rioja) es el Ebro, el río de los íberos, que las atraviesa dándoles vida.

La historia de Aragón empieza en las estribaciones pirenaicas, en torno a las aguas abruptas de su río homónimo. La primera capital se funda en Jaca, una planicie en el centro de un amplio valle, que convierten en fortificación. Es un lugar estratégico donde marcan su territorio frente a los navarros que ascendían por su río, a los occitanos que saltaban la cordillera a través de Canfranc (el campo de los francos), y frente a los musulmanes que habían vadeado el Ebro.

Iglesia de Torla

Con el paso del tiempo, Jaca (Aragón) y Roncesvalles (Navarra) se consolidan como cabezas en el inicio pirenaico del Camino de Santiago. Esto significa que Jaca va a tener un importante desarrollo como núcleo urbano. Así, en el siglo XI se construye la catedral con estilo románico, una arquitectura que traen los peregrinos y que van a continuar por todo el Camino.

Claustro en Alquézar

El empuje de la Corona de Aragón llenó los riscos de castillos protectores (Loarre, Montearagón)

Castillo de Loarre

y las colinas con iglesias adosadas al campanario fortaleza (Torla, Aínsa).

A medida que avanza hacia el sur, cambia el paisaje y los materiales, así va sustituyendo la piedra por ladrillo (Alquézar) hasta llegar a la planicie más segura. Esta pacificación cambia las actividades, convierte los castillos en monasterios, los campos de batalla en viñedos. Son otras tierras y otros frutos, otros horizontes.

Es la hora de la capitalidad de Huesca.

Nabata expuesta en Aínsa

Hoy, la fuerza de atracción del gran río de los íberos atrae con la energía muda de un imán la vida a sus orillas, como las nabatas, que transportaban la madera de las montañas río abajo.

Mientras, en el norte, la lumbre se va apagando, como escribe Julio Llamazares al principio de su novela La lluvia amarilla:

Ainielle existe. En el año 1970 quedó completamente abandonado, pero sus casas aún resisten, pudriéndose en silencio, en medio del olvido y de la nieve, en las montañas del Pirineo de Huesca que llaman Sobrepuerto.

Svejk, elogio de la irreverencia

Existen biografías que se salen de lo común. Son pocas porque el lazo de la rutina aprieta con fuerza a aquellos que se salen de las líneas que les marcan las normas de la sociedad del momento. La mayoría cae en el olvido, y solo un puñado de ellas entra en el rutilante universo de las estrellas que deslumbran al resto de los mortales. Una de estas vidas es la del escritor checo Jaroslav Hasek, autor de la novela inacabada El buen soldado Svejk, publicada en los años 1921 y 1922, en la que el protagonista es un vivo retrato de su autor.

Jaroslav Hasek nació en Praga en 1883 en una familia humilde. Su padre, matemático, murió joven debido al exceso de ingestión alcohólica. La vida del huérfano se vuelve heterodoxa cuando abandona los estudios en el colegio, aunque más tarde falsificó un título académico para poder sobrevivir. Esta veta falsificadora la continuó en una revista científica de temática zoológica cuando escribía artículos sobre animales que solo existían en su imaginación.

Más tarde, en 1911, se presenta a las elecciones con el llamado Partido del progreso moderado dentro de los límites de la ley. Pudo haber sido el fracaso en los resultados electorales lo que le empujó a tirarse desde un puente al río Moldava. No se mató en el intento, pero ese mismo año, con 30 años, finge su propia muerte por lo que lo encierran en un manicomio.

En los círculos de la bohemia literaria ya era conocido por sus escritos de todo tipo, sobre todo en la revista Komuna, de carácter anarquista. Eso no le impide alistarse en el ejército austrohúngaro en la Gran Guerra. En tierras polacas es hecho prisionero por el ejército imperial ruso, pero con la retirada de este después de la revolución bolchevique de octubre llega a ser comisario del Ejército Rojo, que acababa de poner en pie León Trotski.

Es probable que los procesos revolucionarios que se estaban produciendo en Europa fueron los que determinaron que se convirtiese en bígamo al casarse con una mujer rusa. O también es posible que se hubiera olvidado de que estaba casado con otra mujer en Praga, con la que tenía un hijo.

Cuando regresa a su país, lo encuentra cambiado, se llamaba República de Checoslovaquia y Praga era la capital. Con la experiencia que trae de la guerra empieza a escribir El buen soldado Svejk, aunque no puede acabar la obra porque una tuberculosis que trae de la guerra le quita la vida en 1923 con 39 años.

El buen soldado Svejk se puede poner en relación con El Quijote porque en ambos protagonistas existe una falta de cordura en sus acciones por una causa justa, siempre teñidas de idealismo. La figura de los dos protagonistas es risible, lo más alejado de los cánones y códigos que pretenden seguir, un caballero andante en el caso del manchego y un militar en el checo.

A través de un soldado gordinflón, patoso, lisiado y con cara de idiota, el checo está criticando el militarismo ciego del imperio austrohúngaro que acababa de saltar por los aires en aquel momento. También critica la opresión del individuo por parte de un Estado omnipresente que cierra todas las vías de escape del que quiere trazar su propia trayectoria.

Esta critica lo empareja también con su vecino Franz Kafka. Aunque vivieron en la misma ciudad y en los mismos años (Kafka murió un año más tarde, también a causa de la tuberculosis), no se tiene constancia de que hubieran coincidido en algún momento. Y es que la vida bohemia, tabernaria y pendenciera de Hasek poco tenía en común con el carácter intimista y culto de Kafka. Mientras que el primero realiza la crítica a través de la parodia y lo grotesco, Kafka manifiesta ese mismo grito de rebeldía por medio de angustiosas pesadillas literarias.

La estela de El buen soldado Svejk sigue visible hasta nuestros días. Es la novela más popular entre los checos, a diferencia de la narrativa de Kafka que, entre otras cosas, escribió su obra en alemán. Por otra parte, el dramaturgo alemán Bertold Brecht afirmó que la novela estaba entre las tres más importantes del siglo XX, y además la llevó al teatro en 1928 de la mano del escenógrafo Erwin Piscator. Más adelante, el gran novelista checo Bohumil Hrabal, que se sintió influenciado por la obra, escribió: “Hasek me enseñó a preferir la vivencia al saber puro”.

Actualmente, la novela está traducida a 60 idiomas y en España dos editoriales han sacado en 2016 el libro traducido del checo (Acantilado y Galaxia Gutenberg, con los dibujos originales de Josef Lada).

Con el soldado Svejk en Carlovy vary (Chequia)

Publicado en LITERARIAS http://www.escritoresdeasturias.es (5-4-2019)

EL ESPINAZO DEL DIABLO

No hay duda de que, a veces, para tener una visión más amplia, es necesario levantar el vuelo y ver el objeto desde el aire. Es lo que ocurre con el macizo de La Ubiña, en la cordillera Cantábrica. Visto a ras de suelo, el macizo parece una sierra con docenas de dientes capaces de rasgar el mismísimo cielo, pero si lo vemos desde el aire, con el permiso de Google Earth, cambia totalmente la imagen.

A vista de pájaro, se perciben los restos de lo que fue un macizo mucho más compacto, un gigantesco pliegue, del que queda al sur la rugosidad de la Ubiña. Pero el tiempo hizo que esa mole se fuese desmoronando hacia el norte, donde actualmente solo queda la espina de esa enorme protuberancia geológica. Esa espina surge abruptamente desde la verticalidad de la pared norteña de la peña que da nombre al macizo y se dirige hacia el norte a través de Los Castillines y Los Fontanes. Más al norte, cuando parece que la espina dorsal de este animal descuartizado tiende a suavizarse, es donde se levanta el espinazo que los humanos llaman Los Huertos del Diablo.

A los pies de este gigante, como un mastín ovillado, duerme Peña Sobia. A los lados, dos dignos centinelas, Peña Rueda y el pico Feirrerúa, vigilan desde lo alto el espinazo del diablo.

Caminos y alambradas

Hay algunos rincones en el mundo en los que, aunque resulten inhóspitos, lejanos, recónditos, poseen una fuerza tan especial que los humanos siempre los miraron con respeto. Con veneración si estas duras tierras se elevan por encima de ellos para ocultarse entre las brumas de las alturas.

Por miedo a las emboscadas y a las crecidas fluviales, las comunicaciones romanas se caracterizaron por evitar las hondonadas de los ríos. En sitios montañosos, como la Cordillera Cantábrica, buscaban trazar las rutas por cordales, aunque quedaran inutilizables durante el invierno, como en la vía Carisa o el Camín Real de la Mesa.

Camín Real de la Mesa en la parte babiana

En la romanización del norte peninsular, el ahora llamado Camín Real de la Mesa se creó como una vía de comunicación entre las dos Asturias (la Cismontana y la Trasmontana), entre la capital (Astúrica Augusta, que derivó en el topónimo Astorga) y las tierras que quedaban tras los montes. Posteriormente, Alfonso X concedió diversos privilegios reales (de ahí el nombre Camín Real) a los ganaderos que realizaban la trashumancia de sus ovejas. En este caso, las ovejas merinas venían a pastar en Somiedo en los meses en los que las dehesas extremeñas quedaban agostadas. Eso explica que el tramo que comunica Babia con Somiedo esté mejor conservado que el resto porque sería una continuación de la Cañada Real de la Plata, que comunica Astorga con Mérida.

Límite territorial cubierto por la nieve

Este tramo tiene su altura máxima en el puerto de la Mesa (con 1.785 m) en el valle de Las Partidas, en un límite que separa la parte asturiana de Somiedo con la leonesa de Babia. Al lado de la senda se levantan a izquierda y derecha varias cumbres que superan los dos mil metros. Muchos picos señeros son también marcas territoriales, que a su vez están unidos por alambradas separadoras que impiden que el ganado pase de unas propiedades a otras.

Alambrada que separa Babia (izquierda) de Somiedo. Une el pico Los Bígaros (enfrente) con el pico Las Piedras

En el invierno de estas tierras altas, la nieve es la señora que corona las testas más altivas. Durante el resto del año, es la hierba de sus praderías la que tiñe de un apacible verdor los valles y laderas. Y en lo alto, rocosos y amenazantes, siempre permanecerán los impasibles centinelas que dan fe de los caminos que unen y de las alambradas que separan.

Verano

 

LA LUCHA POR LA VIDA

A través de un líquido denso y viscoso, me muevo veloz.

Desde el primer momento sé que no viajo solo en este universo pegajoso y lúbrico,

repleto de soles y agujeros negros.

Formo parte de un ejército alocado con millones de peones,

sin general ni estandarte.

Mi cabeza me dicta la única orden que debo cumplir

si no quiero morir en el intento.

Es una orden estricta y cruel:

solo uno entrará en el reino de Juno,

hermana y esposa del temido Júpiter Tonante,

diosa de la maternidad.

El resto vagará por fluidos extrañamente fríos hasta perderse en alguna nebulosa.

Apenas le saco media cabeza a mi competidor más cercano.

Del resto no sé nada,

algunos estarán siguiendo mi estela,

otros se habrán perdido,

y es probable que ya haya bajas en esta carrera

sin reglas ni piedad.

Y de repente me encuentro con Juno,

que me recibe con los brazos abiertos.

Me obsequia con las mieles que tiene reservadas para el primer

navegante que llegue a sus playas de arenas resplandecientes.

Sus arqueros atravesarán los corazones del resto del ejército,

ya en descomposición.

Es entonces cuando el calor de nuestras fuerzas origina la fusión que va a provocar el cataclismo que precede al nacimiento de una nueva estrella.

Fue un viaje electrizante, agotador, pero mereció la pena porque en la nueva tierra deposité el pendón de la victoria para todo mi linaje.

La historia de un ser entre millones.

Procrastinar y crascitar

Hoy nos enteramos de que la Fundación del Español Urgente, más conocida por el acrónimo Fundéu, ha escogido microplástico como palabra del año. No está mal porque el término seleccionado aviva la sensibilidad hacia el medio ambiente, y hoy ya nadie duda de que los microplásticos polucionan nuestras vidas y sobremanera las aguas marinas, con la amenaza que eso supone para la vida en cualquiera de sus formas. Este espíritu crítico y de compromiso con el mundo de la comunicación fue el que prevaleció en otros años. Así, desde 2013, primer año en que se escoge la palabra del año, las seleccionadas fueron escrache, selfirefugiado, populismo y aporofobia en los siguientes años.

De las 12 palabras que escogió este año Fundéu, que está asesorada por la RAE, hay neologismos, como VAR (del inglés video assistant referee, que se tradujo como videoarbitraje o árbitro asistente de vídeo), y otras más castizas, como micromachismo o descarbonizar, pero la que más me interesó fue procrastinar, y no solo porque sea un pequeño trabalenguas. Es una palabra antigua en nuestra lengua, aunque con un uso bastante restringido. El DRAE dice escuetamente que procede del latín PROCRASTINARE, donde podemos advertir el prefijo PRO “a favor de” y del adverbio latino CRAS “mañana”, además de la terminación verbal.

Este adverbio latino no fue muy fructífero en nuestra lengua porque con el paso del tiempo se asoció al significado de un mañana mortal e inminente. Y esta idea tan funesta y negra se vinculó con la figura del cuervo, el animal que nos anuncia la muerte, por el color de sus plumas, por ser carroñero y por los graznidos que lanza constantemente. A pesar de la mala prensa que tiene entre nosotros (en todas las culturas existen leyendas en las que no siempre sale bien retratado, pensemos en la fábula del cuervo y la zorra de Esopo, en la que aparece como un ser engreído, vanidoso e inconsciente, o en la definición que del ave nos da Edgar Allan Poe: fosco engendro de la noche oscura), el cuervo, como sus parientes, la corneja, la chova, urraca o pega, es uno de los animales con un mayor grado de inteligencia, vocaliza los sonidos humanos mejor que loros, cacatúas y otros pájaros de colores tropicales.

Cuervo en la Torre de Londres

Es, como nosotros, omnívoro, guarda fidelidad a su pareja hasta la muerte, siente curiosidad y tiene un rito funerario de silencio y respeto ante otro muerto. Quizá se parece mucho a los humanos, y en esta cercanía radica el motivo que nos esté recordando constantemente nuestro futuro con su eterno crascitar, otra palabra asociada al adverbio latino. Cada graznido es un CRAS, la advertencia onomatopéyica de un doloroso mañana. Será por eso lo que dice una de las leyendas más conocidas, que el día que desaparezcan los cuervos en la Torre de Londres habrá llegado ese mañana tan fúnebre porque caerá la Corona y la propia Gran Bretaña.

 

Astorga, tránsito y quietud

Los caminos no se cruzan en cualquier sitio, por eso hay cruces de caminos que no dejan indiferente a nadie. Y más, si ese lugar está situado sobre un espigón natural con dos ríos a su vera, una zona de tránsito entre la meseta y el monte Teleno. Es seguro que el enclave fue habitado desde muy antiguo, pero fueron los romanos los que auparon el lugar a la categoría de capital: Asturica Augusta. El campamento militar (la Legio X Gemina) que protegía el oro de Las Médulas se convirtió en asentamiento civil y pronto el emperador Augusto la convirtió en capital del Conventum Asturum, que reunía a diferentes y dispersas tribus de astures que el cronista latino Plinio diferenciaba en augustanos o cismontanos y transmontanos.

Efectivamente, la capital de los astures estaba conectada con los grandes asentamientos administrativos de la provincia Tarraconense, con Braga, Lugo, León, Mérida y Zaragoza. El eje norte-sur lo constituía la Vía de la Plata (ejemplo de la eficacia de las comunicaciones romanas) para unirse con la ciudad residencial del momento, con Augusta Emerita (también fundada por el mismo emperador para disfrute de los soldados eméritos). El eje horizontal coincide en gran parte con lo que hoy se conoce como Camino de Santiago.

De la importancia de este nudo comunicativo se dio cuenta el incipiente cristianismo cuando en el siglo III funda en la capital de los astures una de las primeras sedes episcopales de la península. Todavía hoy es visible el peso religioso que moldea una buena parte de la ciudad: una catedral que recoge los estilos arquitectónicos de varios siglos, el palacio episcopal creado por la visión modernista de Gaudí, un enorme Seminario de sobrias líneas herrerianas, y conventos, capillas e iglesias de diferente condición y factura.

Con el agotamiento de las explotaciones auríferas en Las Médulas, empieza el declive de la ciudad, que entró a formar parte de la influencia de los suevos, enfrentados a los visigodos, que protegen a León en detrimento de Astorga.

En esta tierra de tránsito es lógico que se desarrollase una actividad propia de los caminos, la arriería. Los arrieros maragatos se movieron por todas las puntas de la rosa de los vientos y con el tiempo llegaron a controlar las mercancías que se movían por el noroeste de la Península, en especial el pescado gallego que iba al mercado madrileño. Una prueba de esta condición es que en la actualidad los maragatos controlan la venta de pescado en los principales mercados del noroeste, incluyendo Madrid o Asturias. Uno de los productos gallegos que llevaban consigo hacia el sur era el pulpo, un producto barato y que resistía el paso del tiempo. Hacia el norte llevaban, entre otros productos, pimentón y aceite extremeños. Fue un feliz hallazgo en alguna feria de las que visitaban que alguien juntara los tres elementos (pulpo, pimentón y aceite) para elaborar uno de los platos más populares en muchas de las ferias en las que los campesinos mercadeaban con el ganado.

No es el único manjar que desarrollaron los maragatos. En 1545 se planea la boda entre Álvaro Pérez Osorio, primogénito del Marqués de Astorga, con María Cortés de Zúñiga, hija de Hernán Cortés, conquistador de México. Aunque la boda no llegó a celebrarse, en la dote de la novia que llega a Astorga había cacao, un alimento que nunca había pisado el viejo continente, pero que los aztecas y mayas conocían muy bien. Este producto hizo de Astorga la capital del chocolate hasta que otros núcleos más mercantilistas (suizos, austriacos, belgas) lo hicieron suyo. A pesar de esto, el frío de la Maragatería y la abundancia de clérigos mantuvieron una pujante industria, que a principios del XX tenía dos docenas de obradores en Astorga.

Más tradicional es el cocido maragato, una contundente comida a base de garbanzos y diferentes tipos de carnes, con la peculiaridad de que se come primero la carne, después los garbanzos para terminar con la sopa.

En una tarde otoñal, con el sol cayendo sobre la mole telúrica del Teleno, el viento seco y afilado arranca las hojas para alfombrar el suelo con sonidos rugosos y rígidos. Arriba, las últimas nubes enrojecen el cielo. Abajo, la hojarasca amarillenta y frágil nos recuerda la efímera condición humana. El silencio se rompe con una serie larga de campanadas, pausadas, primero las de la catedral, poco después, y desde la otra esquina, suenan las del Ayuntamiento. Es la hora de tomar una taza de chocolate con un hojaldre o un mantecado. Porque Astorga es tránsito y es quietud.

La importancia de llamarse Ancares

Con frecuencia, los topónimos en plural indican una diversidad (Los Oscos, Ibias, Cervantes, Asturias). Incluso, a veces son territorios difíciles de definir. Es el caso de Los Ancares.

Cada mapa que sale a la luz interpreta a su modo esta zona montañosa y despoblada, repartida en dos comunidades autónomas. Así, en 1973 la Reserva Nacional de Caza de Los Ancares Leoneses incluye zonas bercianas como Villafranca del Bierzo, el valle de Fornela (Peranzanes) y de Asturias (Ibias). En el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de la Sierra de Los Ancares (1991) se llega hasta el Alto Sil (Palacios del Sil) y el valle de Laciana (Villablino).

Entonces, ¿qué es lo que define a este territorio llamado Los Ancares? No es un valle, son varios y cada uno sigue una dirección diferente. Tampoco es un río. Aunque corre el río Ancares por uno de sus valles, no es el más caudaloso ni el más largo porque deja sus aguas muy pronto en el Cúa. Más importancia tiene el río Burbia, que discurre por otro valle y el Balouta, más largo, afluente del Navia, que desemboca en la costa cantábrica. Hay una sierra y un puerto de montaña con este nombre, pero estos accidentes geográficos separan más que unen en este laberinto en el que es difícil encontrar un ser humano.

Tampoco hay unanimidad en el nombre, que va desde Ancares o Los Ancares a Os Ancares, que probablemente proceda de la base prerromana *KAR con el significado de piedra o terreno con roca, como Cares, Carrión.

Históricamente, la mayor parte del territorio era de realengo, pero otra parte (la más alta, la regada por el río Balouta, del latín VALLEM ALTAM “valle alto”) pertenecía al cercano monasterio de Vega de Espinareda.

Si es difícil determinar su extensión, más complicado es establecer su capitalidad. En la zona aledaña de Lugo hay un proceso de sustitución en el que está desapareciendo del uso la denominación de Cervantes por Os Ancares, cuya capital es Navia de Suarna. En la parte leonesa, los habitantes de Balouta quedan muy lejos de Candín, su capital administrativa, al otro lado de un puerto de 1.670 metros de altitud y muchos kilómetros de carretera serpenteante sin ningún tipo de servicio (gasolinera, autobús, taxi).

 

Así es esta tierra dura, limítrofe, difícil de determinar sus aristas con precisión. Los escasos recursos económicos obligaron a sus habitantes a abandonar las pallozas, que ocuparon desde antes de la llegada de los romanos, para emprender el camino de la emigración, aunque algunas poblaciones, como el fronterizo Donís, se proclamaron en 1873 en República Independiente, cansados de un Estado que siempre los ignoró.

Desde 2006 es Reserva de la Biosfera, un espacio natural en el que el humano es un ser en peligro de extinción.

Así soy yo

No se fíen de mi apariencia rechoncha y apacible, es solo una careta. A pesar de lo que algunos puedan pensar, tengo una altura, una cintura, un peso y una elasticidad que se acercan a lo que los entendidos del gremio llaman el canon de la perfección atlética. Por dentro, mis pulmones se comprimen hasta la extenuación con cada golpe que recibo, pero no deben preocuparse porque un instante después se ensanchan en el vuelo que emprendo por un universo encendido de pasiones. Todos mis movimientos, rectilíneos, elípticos, parabólicos, en rotación o armónicos, son siempre vigilados por ojos humanos y electrónicos, sobre todo cuando bailo mis acrobacias en torno a la longitud de la línea blanca que separa el bien del mal. Mi piel es tan sensible que soy capaz de transmitir la rabia y el genio de quien me toca. A menudo me lo agradecen con besos o me patean con sus frustraciones de perdedores, pero siempre termino en los brazos amantísimos de la trinidad arbitral. Soy la criatura más perfecta creada por la geometría humana, un volumen celestial en el que todos los puntos equidistan de un centro, un astro con una órbita imprevisible que puede desestabilizar la civilización más consolidada, una bola de fuego y furia. Soy la esfera que mueve el mundo.

 

El Mundial de Fútbol se celebra en Rusia en el verano de 2018

Reseña sobre EL VIAJE DE ABRAXAS

De un tirón sí puede y tal vez se deba leer EL VIAJE DE ABRAXAS, del lacianiego (la Asturias irredenta, ay, donde moré en los 80) Armando Murias. Un hombre que fue de todo en todos los oficios, que hizo todo y acabó por doctorarse en Filología y abrazar la enseñanza y la literatura y una muy sugerente obra filológica. Abraxas, el dios que mezcla las dos caras de todas las vidas. ¿Quieren ustedes crímenes, leyendas, el Camino de Santiago, una puta y un acompañante viajeros desbocados, una novela negra (si se desea) con una prosa vivísima y desacomplejada, llena de vigor y diálogos de quien sabe escuchar bien? Escojo una gradación que me llenó de gusto: “Nos metimos en la piscina con el sigilo de unos cocodrilos, relucientes los ojos, brillantes los dientes, agradecido el cuerpo entero”.

Francisco García Pérez. La Nueva España, 6 de junio de 2018

Viriato, el estandarte sayagués

Hay lugares en los que la historia quedó escrita en las grietas de los roquedales, que más tarde la naturaleza erosionó y sus habitantes abandonaron hace tiempo. Una esquina en la que el río Duero cose con soledad y olvido una honda y larga cicatriz de granito en Los Arribes. En la parte portuguesa, Trás-os-Montes se extiende aún más hacia el norte. En la parte española, Sayago lo hace hacia el este.

Arribes del Duero. A la izquierda, Trás-os-Montes. A la derecha, Sayago

Alejada de la meseta cerealística y de los viñedos que riega el río antes y después, esta abrupta zona tiene en la actualidad una de las densidades de población más bajas de Europa, aunque en otros tiempos por aquí se instalaron los celtas vetones, pueblo dedicado al pastoreo.

Después de arrastrarse, silencioso y manso, por la aplastada barriga castellana, el río Duero da un inesperado giro de más de 90 grados hacia el sur y despeña sus aguas por los muslos de Los Arribes para descender 400 metros entre murallas de granito que separan durante más de 100 kilómetros los dos países de la península ibérica. Es entonces, ya en Portugal, cuando empieza a ser navegable hasta el final del trayecto.

El Duero entra en Los Arribes zamoranos reforzado por las aguas del Esla, más caudaloso pero más corto, y en Las Arribes salmantinas confluye el Tormes.

Del latín AD RIPAS “en la orilla” procede el topónimo Arribes, y su terminación en -es delata una de las características de la lengua asturleonesa de sus moradores, habitantes del reino que tuvo la corte en Asturias, trasladada a León en el año 914. Todavía hoy, en la zona portuguesa de As Arribas es lengua oficial el mirandés, emparentada con la lengua del antiguo reino que por esta parte llevó a cabo la llamada Reconquista hacia el sur. En la literatura del siglo de Oro era habitual colocar a un sayagués como personaje rústico que habla mal el castellano. En la parte portuguesa, los trasmontanos, también alejados de los grandes núcleos productivos como indica su topónimo, viven en el abandono que solo los emigrantes retornados pueden revitalizar.

Uno de los pastores que se movió por estas tierras ingratas pudo haber sido Viriato, el terror de los romanos, según dice la placa que acompaña al guerrero en un monumento que se levanta en el centro de la ciudad de Zamora.

Es en Sayago, la zona zamorana arrinconada entre los precipicios de los ríos Duero y Tormes, donde se sigue celebrando todos los años la romería de los viriatos o pendones en torno a la ermita de Nuestra Señora del Castillo en Fariza, construida sobre un lugar de culto pagano.

Nuestra Señora del Castillo. Fariza (Sayago)

Visible desde los dos Arribes, acoge por igual a sayagueses y trasmontanos, como probablemente sucedió hace muchos años, cuando los legionarios de Roma llegaron para arrebatarles el oro de sus entrañas, como atestigua la cercana explotación aurífera romana Pino del Oro.

 

 

http://www.elcomercio.es/culturas/libros/armando-murias-presenta-20180504001036-ntvo.html

Armando Murias presenta novela

Armando Murias presenta novela

Armando Murias Ibias (Caboalles, 1955), presentó ayer en el Ateneo Jovellanos su última novela, ‘El viaje de Abraxas’. Le acompañaron el vicepresidente del Ateneo, Luis Rubio Bardón, y el colaborador de EL COMERCIO Ramón Avello. Cuatro años después de su último trabajo, ‘Chantaje en Carnaval’, vuelve con un volumen que transcurre a partir del asesinato en un prostíbulo burgalés de nombre ‘El Edén’ del que escapan los protagonistas, Adán y Eva, hacia el Camino de Santiago.

http://www.elcomercio.es/culturas/libros/armando-murias-siento-20180502001152-ntvo.html

Armando Murias: «Me siento cerca de los escritores de acción»

El escritor asturiano Armando Murias. /  JOSÉ SIMAL
El escritor asturiano Armando Murias. / JOSÉ SIMAL

El narrador leonés afincado en Asturias presenta mañana en el Ateneo Jovellanos su última novela, ‘El viaje de Abraxas’

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Armando Murias Ibias (Caboalles, 1955), presentará mañana en el Ateneo Jovellanos (19.30 horas) su nueva novela, titulada ‘El viaje de Abraxas’. Le acompañarán el vicepresidente del Ateneo, Luis Rubio Bardón, y el colaborador de EL COMERCIO, Ramón Avello.

Hace cuatro años desde que Armando Murias entregó a los lectores su anterior texto novelístico, ‘Chantaje en Carnaval’, entendiendo que la obra literaria «no requiere de ninguna prisa». El presente volumen, que transcurre a partir del asesinato en un prostíbulo burgalés de nombre ‘El Edén’ del que escapan los protagonistas, Adán y Eva, hacia el Camino de Santiago, remite tanto a la novela negra como al auto sacramental o la ‘road movie’. «Cumple el precepto de la novela negra de que haya un asesinato en las primeras páginas, y las referencias bíblicas hablan del intento de recuperar unas vidas que estaban en vía muerta, la de un lobo estepario y la de una puta, hija de una madre que murió por la drogadicción y que lleva los mismos pasos». Que el marco sea el Camino de Santiago obedece a que el propio Armando Murias ha realizado varias veces en bicicleta de montaña ese itinerario, experiencia que «se advierte en algunos de los acontecimientos, aunque el asesinato inicial y otras peripecias pertenezcan a la ficción», confiesa con gracia.

La mención al dios gnóstico Abraxas en el título obedece a que «Adán es un personaje que creció en los años 70, leyendo a Hermann Hesse, que le menciona en ‘Demian’, y escuchando el álbum de Santana del mismo nombre».

Murias, que ha ejercido oficios varios, de ayudante minero a camarero o mecánico de camiones antes de ser profesor de Literatura en el IES Alfonso II de Oviedo, responde a la pregunta de si se aprende más de la literatura viviendo en esos territorios o preparando un doctorado diciendo que «hay escritores de formación libresca, como los hay que guardan mayor relación con la calle. Entre los primeros, a modo de simples ejemplos, Enrique Vila-Matas o Javier Marías. De los segundos, un buen representante es Arturo Pérez Reverte. O, ampliando geografías y cronología, Herman Melville y Joseph Conrad. Yo me siento más cercano a los escritores de acción, que escriben en la orilla de sus propias vivencias».

Este profesor de Literatura en el IES Alfonso II de Oviedo, en contra de otras opiniones generalizadas, cree que «las nuevas tecnologías ayudan a que las jóvenes generaciones lean más. Nunca se leyó ni se escribió tanto como ahora. Y cada vez se publica más».

De la Asociación de Escritores, de la que fue presidente, dice que «mantiene buen estado de salud».

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