Reseña de EL VIAJE DE ABRAXAS en El Cuaderno

EL MARCAPÁGINAS

De fugas y tránsitos

El viaje como tema recurrente en tres sugerentes novelas recién llegadas a las librerías.

Han caído en mis manos en los últimos días tres novelas que, cada una a su modo, abordan un tema tan recurrente como el del viaje desde perspectivas diferentes, pero complementarias, hasta el punto de que la suma de las tres casi agota la polisemia de un motivo que, al menos desde la Odisea en adelante, no ha dejado de constituir una de las coartadas más queridas por la narrativa universal. Se dice que la propia literatura es un viaje, y con razón. En sus dos vertientes, porque viaja quien escribe a través de los caminos desconocidos que se orientan a la consumación de una idea atisbada en lontananza, pero también viaja quien lee a través de los senderos marcados por ese primer explorador que desbrozó la vegetación y marcó un itinerario para que otros lo siguieran. «Uno cree que va a hacer un viaje, pero en realidad es el viaje el que lo hace a él, escribió Nicolas Bouvier para verbalizar ese constatación de que cualquier desplazamiento —también los literarios— lo es en un sentido externo, pero también interno.

Lo saben bien los protagonistas de Kuebiko (Pre-Textos), la novela con la que Miguel Ángel Carmona (Monesterio, 1979) obtuvo el último Ciudad de Valencia. Es éste un libro tan rotundo como desasosegante, escrito con un estilo poderoso y envolvente que esgrime un planteamiento distópico —las consecuencias de una guerra civil que habría tenido lugar en España a mediados de este mismo siglo— para narrar la odisea personal y colectiva de unos derrotados errantes que tratan de hallar acomodo lejos de su tierra de origen. Con un raro y conseguido equilibrio entre la ternura y la truculencia, se abordan en el libro las contradicciones entre la huida exterior y el reconocimiento interior, esto es, cómo el despojamiento puede desembocar en un repliegue en torno a aquello que verdaderamente nos identifica o permite, en cierto modo, que nos reconciliemos con nuestra humanidad. Algo de eso hay también en El viaje de Abraxas (Ediciones Oblicuas), la nouvelle que supone el regreso a la narrativa de Armando Murias (Caboalles, 1955) tras cinco años de silencio y en cuyas páginas se relata la fuga de dos personajes de exiguo pasado y porvenir casi inexistente por las carreteras que siguen la ruta hacia Santiago, desde las puertas de un burdel en las afueras de Burgos hasta la mismísima Puerta Santa compostelana. Retomando la vieja simbología de los autos sacramentales y condimentándola con las exigencias del género —una suerte de thriller conducido por terrenos muy personales—, Murias compone una ágil road novel que no desprecia, pese a su contemporaneidad, los ingredientes legendarios. También aquí las fuerzas externas propician la introspección y una escapada irremediable termina implicando un regreso a aquello que se perdió y acaso no se pueda recuperar nunca del todo. Es la combinación de intuición y necesidad, sin embargo, la que mueve a los protagonistas de Las estrellas(Sloper), una novela en la que Carlos Maleno (Almería, 1977) desgrana con una prosa que oscila entre el lirismo y la esquematización los avatares de unos personajes que parecen abocados a un perpetuo exilio de sí mismo: corresponsales de guerra absorbidos por el honor que retienen sus pupilas, niñas encerradas en el infierno laberíntico de la prostitución, extraños matones a sueldo que a partir de cierto instante optan por tomarse la justicia por su mano. Es éste un libro extraño y, a la vez, hipnótico, que juega con la fragmentariedad y con las incertidumbres para sumir al lector en un estado de inseguridad muy similar a aquél que padecen sus protagonistas. Una nueva vuelta de tuerca al tema del mal (tan presente siempre y tan inextricable) que se trata aquí desde una lucidez casi fantasmagórica.

Presentación del libro EL VIAJE DE ABRAXAS

25 de abril (miércoles) en librería Cervantes (Oviedo) a las 19 horas.

Lo presenta Miguel Barrero.

3 de mayo (jueves) en Ateneo Jovellanos (Gijón) a las 19,15 horas.

Lo presenta Ramón Avello.

9 de mayo (miércoles) en la feria del Libro de Oviedo (LibrOviedo) a las 20,30 horas.

Lo presenta Alberto Polledo.

Precios:

Libro 14 €

E-book  6,64 € en https://www.kobo.com/es/es/ebook/el-viaje-de-abraxas

Una novela negra ambientada en el Camino de Santiago

 

Natura y literatura

En la primavera de abril brotan las hojas (que son natura), también las de los libros (que son literatura).

Unas nos dan oxígeno para vivir de mil formas diferentes, otras nos identifican como humanos con infinitas máscaras.

Una mirada

Los caminos más desconocidos son los que más cerca tenemos del corazón.

El río del olvido, Julio Llamazares

Constituye el concejo de Villayón (en el occidente de Asturias) un paisaje suave, con colinas redondeadas y apacibles valles en los que se tienden retales de prados sobre los que pacen con milenaria paciencia las vacas, uno de los principales sustentos económicos de la zona.

En uno de sus pueblos, Oneta, hoy tienen otra fuente de riqueza. Hay que levantar la vista por las laderas para contemplar dónde se planta, crece, madura y se tala el eucalipto, la ofrenda que la modernidad tiene que sacrificar al dios del papel en el templo de la cercana fábrica de celulosa ENCE. Por eso vemos los montes pelados, repoblados y talados con un ritual de frenesí económico. Si levantamos aún más la vista, hasta las cumbres, observaremos otra fuente de ingresos, son los aerogeneradores, que alzan con osadía sus brazos de gigantes ciegos en busca de la fuerza de los vientos.

Pero para descubrir el verdadero carácter de estas tierras, el más íntimo, hay que bajar la mirada hacia lo más profundo, donde surge la vida y la memoria. Así recordaremos que alguna vez estos montes fueron mágicos, siempre deudores del gran río Navia, que vertebra y horada sus tierras.

Cascada de Ulloa

Uno de los ríos que dan sus aguas al hermano mayor es el Acebal. Al principio pasa desapercibido, culebreando entre fresnos, alisos y castaños, dividiendo prados, siempre humilde y silencioso. Así atraviesa el pueblo, donde deja su niñez, porque un poco más abajo, más crecido, es donde empieza a mostrar su fuerza. En su primer acto adolescente todavía está domesticado por los humanos. Durante años estuvo canalizado para producir energía eléctrica para el pueblo en una rudimentaria central, hoy en ruinas. Pero su madurez la veremos unos metros más abajo, cuando nos despierta con su furia desbocada al despeñarse por las cascadas de Firbia, Ulloa y La Maseirúa.

Cascada de Firbia

Es por estos parajes donde anida un conjunto, ya abandonado, de canales, compuertas y molinos con técnicas que perduraron durante siglos de olvido.

Molino

En torno a ellos (molinos, bosques con colores confundidos entre cascadas iridiscentes) nacieron poblaciones, se desarrollaron culturas y surgió la magia de lo escondido, lo efímero de un trino cercano, la sorpresa de sus rincones musgosos, la herida de un rayo de sol que atraviesa la maraña de vegetación y agua que hace de esta recóndita cuenca un sitio especial.

El monte que no quiso crecer

El síndrome de Peter Pan no sólo afecta a los humanos.

Es sabido desde la antigüedad que existe una fuerte relación entre la naturaleza y los seres vivos, fuera de la dependencia, dominación o explotación por una de las dos partes.

El pico Mocoso (con 1.989 m) podría haber crecido más porque su cima roma no se parece en nada a las líneas angulosas de sus cumbres vecinas (Penouta o Peña Blanca), que estiraron sus lados hasta la extenuación para formar el ángulo recto.

La forma piramidal del Penouta

Será por eso que los vecinos le pusieron despectivamente el nombre con el que lo conocemos hoy.

La causa de que el pico Mocoso roce los dosmil, sin superar ese límite vertiginoso, puede residir en la negación a crecer para quedarse con la misma estatura de la mayoría de sus vecinos en las tierras somedanas. Esa inocente rebeldía le quita el narcisismo que caracteriza a los que estiraron su verticalidad para arañar un pedazo del cielo. Y ese síndrome (el de Peter Pan geológico) lo pagará caro durante toda la eternidad. Esa solidaridad por ser como los demás de su entorno no gustó a los que registran sus posesiones, que lo humanizaron con el término más insultante que reservan para estos casos.

Todo lo contrario a lo que hicieron los galeses con su montaña Flynnon Garw en la película El inglés que subió una colina pero bajó una montaña, en la que los vecinos, orgullosos de su monte, hacen todo lo posible para que la cumbre siga siendo la montaña más alta de Gales, a pesar de que los dos cartógrafos ingleses certifiquen que es una simple colina porque le faltan 20 pies.

El ascenso al pico Mocoso lo realizamos el 7 de marzo con raquetas porque había nevado con abundancia la noche anterior.

Foto de cumbre con el mastín que nos hizo de guía

Además, la ventisca borraba las huellas en minutos.

Menos mal que contamos con la guía desinteresada y eficaz de un mastín, el único ser vivo que encontramos en La Peral, una braña que los vaqueiros de alzada abandonan con las nieves para bajar a vivir con los xaldos en los pueblos de invierno.

La Peral

Quien transite por estos lugares, remotos e idílicos, a veces podrá escuchar a lo lejos las vaqueiradas que ondulan por los valles y se esparcen por los montes con la fragancia de la hierba recién segada.

En el otoño:

Isti pandeiro qui tocu
ya de pecheyo de ovecha,
ayer berraba no monte,
güei sona que retumbecha

O cuando empieza el invierno:

Los vaqueiros vansi, vansi,
las vaqueiras choran, choran.
—¡Adiós, vaqueirín del alma!,
¿con quién vou dormir agora?

 

En la cumbre del pico Mocoso con el mastín de La Peral

Año de nieves

Nevóu muitísimu anueite, pero acaba de clariar un poucu’l cielu polos altos. Chega’l primer resplandor del sol, entovía muertu. Yá soi a vere los bultos de la cabanas de la braña na parte baxa del val.le.

Sangre na braña, Roberto González-Quevedo

La nieve no deja indiferente a nadie, y menos a los que nacimos entre ella. La memoria nos la presenta, copo a copo, en montes y caminos, tapando las puertas e iluminando el valle.

Y es que este mes de febrero está cumpliendo las expectativas que se tienen de él: es el invierno en grado superlativo, aunque no siempre llueve a gusto de todos, como dice el refranero:

Agua y nieve excesiva, no dejan criatura viva.

Año de nieves, año de bienes.

Añu de nevadas, añu de fornadas.

La imaginación en los Picos de Europa, donde se conservan neveros durante todo el año,  formó este dicho:

En Los Picos del Cornión, 
ondi’l diablu se colgó, 
ondi Dios puso la nieve, 
la que nunca se quitó, 
y nun añu que faltó 
to la xente morrió.

~

Miguel de Unamuno compuso uno de los poemas más hermosos sobre la nieve:

La  nevada  es silenciosa,

cosa  lenta;

poco  a  poco  y  con  blancura 

reposa  sobre  la  tierra

y  cobija  a  la  llanura.

Posa  la  nieve  callada,

blanca  y  leve

la  nevada  no  hace  ruido;

cae  como  cae  el  olvido,

copo  a  copo.

Abriga  blanda  a  los  campos

cuando  el  hielo  los  hostiga,

con  sus  campos  de  blancura;

cubre  a  todo  con  su  capa,

pura,  silenciosa,

no se  le  escapa  en  el  suelo

cosa  alguna.

Donde  cae  alli  se  queda,

leda  y  leve,

pues  la  nieve  no  resbala

como  resbala  la  lluvia,

sino  queda  y  cala.

Flores  del  cielo  los  copos,

blancos  lirios  de  las  nubes,

que  en  el  suelo  se  ajan,

bajan  floridos,

pero  quedan  pronto

derretidos;

florecen  sólo  en  la  cumbre,

sobre  las  montañas,

pesadumbre  de  la  tierra,

y  en  sus  entrañas perecen.

Nieve,  blanda  nieve,

la  que  cae  tan  leve,

sobre  la  cabeza,

sobre  el  corazón,

ven  y  abriga  mi  tristeza

la  que  descansa  en  razón.

 

Nieve en el Gamoniteiro
puerto de Pajares

Entrevista de Manuel Cuenya para ileon.com

Reprodución de la entrevista publicada por Manuel Cuenya el 17 de octubre de 2017 para la revista digital ileon.com

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Armando Murias: “Haber tenido varias experiencias laborales da una visión más completa del mundo, y también de la escritura”

Manuel Cuenya | 17/10/2017 – 13:55h.

El narrador, investigador y profesor Armando Murias Ibias, autor de ‘Nómadas’, entre otros libros, dirige en la actualidad la revista ‘Literarias’, perteneciente a la Asociación de Escritores de Asturias. Y mantiene en activo blog cuyo título es ‘El gamusino (Literatura y Natura)’.

Armando Murias Ibias

Lacianiego de Caboalles y con alma asturleonesa, Armando Murias Ibias es narrador, doctor en Filología Hispánica, investigador y profesor.

Cuenta que su lugar de nacimiento era un sitio remoto, que quedaba aislado en invierno por las nevadas. Ni siquiera tenía ni biblioteca ni librería, con lo cual la transmisión oral era muy importante. Y fue en ese mundo arcaico, ese universo de leyendas y cuentos al amor del fuego de los ‘calechos’, donde se forjó su pasión por las palabras, por las palabras escritas. Esa literatura, donde se mezcla la realidad imaginaria y la vivida, esa literatura surgida al calor de las palabras, es, en su opinión, la que más le gusta y la que trata de transmitir.

En este sentido, León –tierra de ‘calechos’ y ‘filandones’- es, a su juicio, la provincia con más densidad de escritores de enorme valía. “Todos tienen un fuerte arraigo con su tierra, a pesar de que casi todos residen en otras tierras (Luis Mateo Díez, JP Aparicio, JM Merino, Pablo Andrés Escapa, Raúl Guerra Garrido, Julio Llamazares, Roberto González Quevedo, Andrés Trapiello, Antonio Colinas, JC Mestre, etc.). Creo que hay un rasgo común a todos ellos, todos escriben sobre una tierra (leonesa o no) que sienten como depositaria de la memoria”. La memoria como fuente literaria de primera magnitud.

Respecto a los lazos entre Laciana y su vecina Asturias (mapas afectivos en los que se mueve Armando) siempre han sido familiares. Y, a lo largo del siglo XX, “la minería en Laciana fue incrementando su importancia”, recuerda él, de tal modo que esta comarca leonesa necesitaba abundante mano de obra foránea, “porque los lacianiegos se negaron a proletarizarse en las minas”, matiza el coautor de ‘Mina de palabras’, volumen en el que también participa, con dos poemas, el Premio Cervantes Antonio Gamoneda.

“Llegaron gentes, entre ellos mis padres, venidos de los concejos aledaños, sobre todo de los asturianos, por lo que en los años setenta los emigrantes asturianos son la mayoría. Por tanto, la relación es muy estrecha. Más tarde llegaron otras oleadas migratorias, portugueses y caboverdianos, que también dejaron su marca en el valle”.

“Luis Mateo Díez, JP Aparicio, JM Merino, Pablo Andrés Escapa, Raúl Guerra Garrido, Julio Llamazares, Roberto González Quevedo, Andrés Trapiello, Antonio Colinas, JC Mestre, etc. tienen un fuerte arraigo con su tierra, a pesar de que casi todos residen en otras tierras. Creo que hay un rasgo común a todos ellos, todos escriben sobre una tierra (leonesa o no) que sienten como depositaria de la memoria”.

En lo referente a la minería, cree que ha sido una actividad muy breve, porque en la actualidad, en todas las cuencas mineras, ha venido el vacío, el abandono, la soledad. “De momento todavía están las jubilaciones sujetando el entramado social, pero el mañana no lo veo nada halagüeño”, muestra con realismo este autor, que, entre sus variados trabajos a lo largo de la vida, cabe resaltar que llegó a ser minero, ‘rampleru’, un trabajo que le ha dejado una profunda huella, el que más, de todos los que ha ejercido, según él, tanto es así que hizo su tesis doctoral sobre la minería y escribió ‘Nómadas’, un volumen de carácter autobiográfico, en gran medida, cuyos personajes principales son un universitario (acaso su álter ego) y un inmigrante caboverdiano. “una historia minera que se aparta del canon marcado por ‘Germinal’ (huelgas, represión, accidentes, muertes, hambre, etc.)”.

Una vida aventurera como preámbulo para la creación literaria

Aparte de minero fue comercial, mecánico, camarero, marino, lector de español en Viena, incluso monaguillo. Una vida apasionante, aventurera, lo que sin duda ha estimulado su labor de creación porque “haber tenido varias experiencias laborales da una visión más completa del mundo –apostilla-, y también de la escritura porque no cabe duda de que se puede hablar con más exactitud de lo que se conoce que de lo ignorado”.

Tal vez por eso, Armando es devoto de “tres tullidos geniales de la literatura española: Cervantes, Quevedo y Valle-Inclán”, grandes escritores que “salieron de la torre de marfil de los artistas y se embarraron de realidad, conocieron de primera mano cómo es el mundo”.

Una vida interesante no lo convierte a uno en creador per se pero sí sirve como nutriente para poder elaborar una obra, acaso más consistente, porque la realidad suele superar cualquier ficción.

Después de desempeñar estos diversos trabajos por el mundo adelante, en la actualidad ejerce como profesor de Literatura en el Instituto Alfonso II de Oviedo. Y está convencido de que la creación literaria en las aulas es muy importante “porque estimula las habilidades artísticas para sacar a la luz el genio que todos llevamos dentro. Además, fomenta claramente la lectura… Y la escritura creativa se fundamenta en la lectura”.

No obstante, también es consciente de que a menudo la tarea de los profesores de Literatura consiste en transmitir la historia de la Literatura, sin adentrarse en la creación. “Prueba de esto es que en la Asociación de Escritores de Asturias sólo estamos dos profesores de Literatura, hay más médicos y abogados. La causa de esta deserción puede estar en el respeto reverencial con que nos hicieron ver los textos literarios, lo que los convierte en sagrados, intocables. De ahí que pocos profesores se atrevan con la creación”, señala Armando, que estuvo de presidente de esta Asociación de Escritores de Asturias durante dos años.

“En la Asociación de Escritores de Asturias sólo estamos dos profesores de Literatura, hay más médicos y abogados. La causa de esta deserción puede estar en el respeto reverencial con que nos hicieron ver los textos literarios, lo que los convierte en sagrados, intocables. De ahí que pocos profesores se atrevan con la creación”

“Ahora estoy sólo como socio y dirijo la revista digital de la Asociación, que se llama ‘Literarias’. Llevar una asociación sin ánimo de lucro y con muy pocos ingresos es agotador, es un puesto que suele rotar entre los socios más solícitos”, afirma el autor de  ‘Los zapatones del quincallero’, “un libro basado en leyendas, tradiciones perdidas, viajes exóticos, sueños, amores, etc., una historia donde la imaginación fue el único motor… una reacción a la lógica académica de la tesis”, de su tesis doctoral sobre el léxico minero, que le llevó cinco años, resultándole agotador “porque en una tesis doctoral debe comprobarse todo lo que se afirma o buscar el origen de lo que se da por sabido”. De ahí surgió su ‘Vocabulariu de la minería en L.laciana y Degaña’, precisa este apasionado de la creación literaria (novela, relato, teatro) y la naturaleza. No en vano, ha escrito y dirigido varias piezas teatrales.

En la actualidad, el creador de ‘El día que me quieras’, además de dirigir ‘Literarias’, la revista de la Asociación de Escritores de Asturias, ha comenzado con un blog cuyo título es ‘El gamusino (Literatura y Natura)‘.

Entrevista breve a Armando Murias Ibias

“En estos momentos me da miedo que determinadas palabras (democracia, autoritarismo, violencia, etc.) se usen con significados opuestos”

¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?

De vez en cuando me gusta volver a leer algunas hojas de los libros que tengo en la biblioteca, por tanto no podría decir títulos ni autores. No me paro a considerar la calidad, sino el recuerdo que tengo del libro.

Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).

Turgueniev dijo que los personajes literarios son hamletianos o quijotes. Me gustan más los aventureros intrépidos e idealistas que los que dudan de sus actuaciones, como Hamlet.

Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).

Hay muchos y los olvido, pero siempre quedará por ahí un libro o una cita de Paulo Coelho.

Un rasgo que defina tu personalidad.

Me temo que iba a ser muy subjetivo. Prefiero que lo digan otros.

¿Qué cualidad prefieres en una persona?

Sinceridad

¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?

En estos momentos me da miedo que determinadas palabras (democracia, autoritarismo, violencia, etc.) se usen con significados opuestos. Esto es un problema lingüístico que impide comunicarnos y llegar a acuerdos.

¿Qué es lo que más te divierte en la vida?

Reír.

¿Por qué escribes?

Por lo mismo por lo que hablo. Los humanos somos ‘homo narrans’, como muy bien defiende JM Merino. Este valor grupal en la comunicación (contar y que nos cuenten) nos hace únicos, nos diferenció de otros animales en el pasado y nos diferenciará de las máquinas inteligentes en el futuro.

¿Crees que las redes sociales, Facebook o Twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?

Las redes sociales son sistemas de mensajería rápida que no tienen en su base un valor artístico.

¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?

El primer libro que cayó en mis manos fue un diccionario, y con él me imaginé cómo podría ser el mundo, con selvas y océanos. Con él busqué siempre la inspiración, hay palabras (por su sonoridad u oscuridad), que me transportan a otros mundos. Después tuve un mapamundi donde podía poner el dedo en cualquier parte del globo. A continuación, llegaron los libros, que no hacen más que poner en movimiento un diccionario y un mapamundi.

¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?

Tengo el blog ‘El gamusino’, en el que doy cabida a la literatura y a la naturaleza. Puede ser una magnífica herramienta literaria en la que el autor participa en todo el proceso creativo sin intermediarios. Me parece que es literatura pura porque no está sujeto a las leyes del mercado. Además, es muy democrático, casi todo el mundo puede tener el suyo para mostrar sus inquietudes de cualquier índole.

Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.

Y, sin embargo, se mueve.

Esto es Jauja

Sí, Jauja está más cerca de lo que podamos pensar.

Algunos escritores, sobre todo los más ligados al realismo mágico, construyeron en las páginas de sus libros territorios míticos (Macondo, Comala, Santa María, Yoknapatawpha), aunque esa fantasía ya existía desde antiguo en el imaginario del español popular.

Fueron los árabes los que dan ese nombre (con el significado de paso, pasillo, pasadizo) a un lugar habitado en Córdoba, pero la popularidad de la leyenda vino con el dramaturgo Lope de Rueda, que en 1547 publica el paso titulado “La tierra de Jauja”,  donde unos buscavidas engañan al tontorrón de Mendrugo al decir que «En la tierra de Jauja hay un río de miel y otro de leche, y entre río y río hay una fuente de mantequilla y requesones, y caen en el río de la miel», y también «un lugar en donde pagan a los hombres por dormir» o «una tierra en donde azotan a los hombres que se empeñan en trabajar».

La leyenda de una tierra paradisíaca tan fértil y rica ya la llevaban grabada en sus cabezas los hombres de Pizarro cuando en 1534 no tuvieron problemas al bautizar con el nombre de Jauja a una de las tierras más prósperas del virreinato de Perú.

Pero no es necesario ir tan lejos. En Asturias también tuvimos ese lugar idealizado, aunque eso ya forma parte de un pasado reciente. Los restos pueden verse en Pola de Siero, en el Bar Jauja:
Está situado en la antigua carretera general, hoy semivacía. Seguramente, en sus mejores tiempos, muchos pasajeros se detuvieron en este sitio atraídos por la magia del nombre. Son otros tiempos, otras inquietudes, otros sueños, pero hechos de la misma sustancia, con las mismas ilusiones, y con los mismos recuerdos.

Tempus fugit

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