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Fue a finales de año, en diciembre, cuando la conferencia sobre el cambio climático denominada COP28 se celebró en Dubái. A pesar del decepcionante inicio con la intervención del presidente, el sultán del país petrolero de los Emiratos, 200 países llegaron al acuerdo de poner fin a la era de los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) con el compromiso de cero emisiones en 2050.
En la foto de la portada aparece un paisaje bucólico, sin apenas intervención de los humanos en esta naturaleza dominada por los grandes mamíferos que descansan en una pradera incontaminada. Al fondo, siempre el bosque.
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La presencia de vacas significa una naturaleza en la que los humanos aprovechamos sus bienes, incluso en las situaciones más adversas, como estas vacas de montaña que desarrollan un pelo protector para defenderse de las inclemencias meteorológicas. Al fondo, los Picos de Europa asturianos con los picos más emblemáticos del macizo Central.
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Otras vacas viven tranquilamente en entornos urbanos, ajenas al bullicio de la ciudad. En la foto la familia (toro, vacas y ternero) sestea en un prado con abundante hierba. Al fondo, un barrio de Oviedo.
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En el Cañón Rojo de Teruel se pueden ver los efectos de la desertización. Parece un paraje marciano en el que la vida se arrastra por las cárcavas hacia los barrancos sin final. Enorme, bello, escalofriante.
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En otros lugares, a la luz del sol le cuesta penetrar en la frondosidad del bosque, aunque sea urbano, como el de la foto, el monte ovetense Naranco.
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En la tranquilidad azulada de esta callejuela en Chef Chauen (norte de Marruecos) solo se perciben las pisadas felinas de unos gatos maullando por un poco de comida
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Sorprende esta foto aérea de Nueva York. La ordenación urbanística de la ciudad se caracteriza por las larguísimas avenidas que se cruzan perpendicularmente con otras para formar ángulos rectos. Desde la altura de esta foto se ve la única intersección en forma de rotonda, un círculo dibujado en el paraíso de las rectas, en medio del Central Park y los nuevos rascacielos, los destinados a viviendas particulares, frente al clásico, que aloja fundamentalmente oficinas comerciales. El nombre de la rotonda y la escultura que se alza en el centro, Christopher Columbus Circle, viene dado por el interés de los italianos residentes en Nueva York que en el cuarto aniversario quisieron celebrar la gesta del marino que los españoles conocemos como Cristóbal Colón.
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En este asentamiento humano llama la atención el aprovechamiento de la ladera que las casas escalan en la búsqueda de un rayo más de sol. Es un barrio de Caboalles de Abajo, un pueblo minero que el cese de la actividad extractiva dejó noqueado. Actualmente busca, una vez más, identificarse con la actividad que siempre sustentó a sus habitantes, con la ganadería y sus derivados, en los tiempos en los que los romanos denominaron el lugar como CAPUT VALLIS «cabeza del valle».
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La alargada costa gaditana siempre tuvo unos excelentes miradores desde donde podían controlar todo lo que se moviese por el mar. Es lo que vemos en el segundo plano de la foto, una torre vigía almenara cilíndrica. Fueron los mahometanos los que iniciaron estas construcciones con fines militares, aunque también se usaban para avistar el paso de atunes, el motor económico donde las almadrabas de Conil, Zahara de los Atunes o Barbate movían enormes cantidades de mercancías y de mano de obra.
En primer plano, delante de la torre, se ubica uno de búnkeres (también circular) que Franco mandó construir (frecuentemente con mano de obra de prisioneros) en torno al Peñón de Gibraltar. Al principio de la II Guerra Mundial por las cabezas de Franco e Hitler pasó la idea de recuperar el Peñón para España, que tendría que defenderse de los ataques ingleses para recuperarlo. Los hay de diferente factura y conservación, el de la foto es bastante artesanal, con poco cemento y muy erosionado por el mar.
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La fuerza del mar se estrella contra los rompeolas que defienden las embarcaciones refugiadas dentro del puerto. La farola de la bocana del espigón «de fora» en el puerto de Tapia de Casariego recibe el poderoso saludo que pone a prueba su robustez, algo bastante frecuente en los duros meses en los que las marejadas intentan deshacer lo que los humanos levantaron.
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Y para terminar, una foto que mira hacia arriba, a las cumbres por donde se escala hacia el cielo. Si el azul de un cielo incontaminado significa aire puro, la blancura de la nieve sobre la que se avanza es la transformación del líquido expulsado por las nubes en materia sólida y hermosa. Arriba, la inconsistencia del aire; abajo, la solidez de lo que fue y será agua, ambos, aire y nieve, pureza incontaminada de una naturaleza virgen.
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