Memorias de un pueblo

Todavía queda en pie alguna antigua parada del transporte público en una carretera comarcal que pocos transitan ya. El banco hecho con tablillas, algunas rotas o astilladas por el empuje del tiempo, semeja a los asientos de los vagones de tercera clase que comunicaban las aldeas mejor situadas en el mapa de la prosperidad. Poco tiempo queda para que la vegetación engulla para siempre lo que fue suyo. La escueta marquesina apenas cubre las inclemencias de un cielo tristón y plomizo. En el medio, en la parte más visible, el tablón de anuncios muestra las novedades del entorno, una esquela de otro vecino que se va para siempre y un anuncio municipal para un encuentro de mayores que intenta dinamizar algo que se nos muere entre las manos, ante nuestros ojos. Los tres tablones que componen la pantalla del noticiario local están repletas de grapas que recuerdan que allí se muestra la actualidad más rabiosa con otras noticias similares, perdidas ya en el tiempo.

La foto que encabeza este artículo no es especial ni tiene nada de extraño. Otras como esta pueden retratar otros lugares similares. Son sitios escondidos entre una naturaleza esquiva, abandonados, olvidados de la mano humana.

Detrás, el paisaje rural con alguna casería aislada, tal vez comida por la maleza de la desidia o a punto del derrumbe, y al fondo un horizonte nebuloso. Encima, un cielo incierto que cubre un mundo que se nos va para siempre, envuelto en un manto de silencio y abandono.

La fotografía es de San Pedro de Paredes, concejo de Valdés. Asturias

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