Un mes después del fallecimiento de Mariano Antolín Rato, con el frío de febrero la librería ovetense Matadero1 acogió a un grupo de fieles con su obra. No es para menos.
En la intimidad de una noche desapacible, familiares y seguidores de su trayectoria literaria recordaron al calor de la memoria su gigantesco valor en el mundo de la traducción y creación.
El Premio Nacional a la Obra de un Traductor que recibió en 2014 fue creado tarde porque la labor de los traductores españoles en general, y de MAR en particular, se retrasó por la falta de valoración por parte de las autoridades académicas.
Las traducciones de Mariano Antolín nos trajeron a España todos los monstruos de la literatura estadounidense del siglo XX, desde el inconmensurable sueño sureño de William Faulkner, la exquisita vida de F. Scott Fitzgerald, el mundo desquiciado en American Phycho de Bret Easton Ellis, el realismo sucio de Raymond Carver hasta la generación beat de Jack Kerouac y William Burroughs. Esta literatura fresca y a flor de piel en la hermética España franquista del momento supuso un fogonazo que, al lado del boom de la narrativa hispanoamericana, limpió la atmósfera cerrada de la dictadura para oxigenarla con otros aires de rebeldía y paraísos perdidos. De sus traducciones también nos quedan algunas palabras incorporadas para siempre en nuestra lengua, como yonqui del inglés junkie o la acepción adosado aplicada a una determinada construcción de edificios.
Fiel a la literatura que estaba traduciendo, publica unos títulos rompedores (Cuando 900 mil mach aprox, premio de la Nueva Crítica en 1975) que encajan en los principios que anunciaban los integrantes de la llamada generación beat: (Mundo araña, Campos unificados de conciencia, Mar desterrado, Abril blues, Botas de cuero español, La única calma , Fuga en espejo, premio Fernando Quiñones, No se hable más, premio Villa de Madrid, Lobo viejo, Picudo rojo, premio Juan March Cencillo y las últimas Silencio tras el telón del sueño (premio de la Crítica 2018 de la Asociación de Escritores de Asturias) y La suerte suprema (2022), ambas en la editorial asturiana Pez de Plata.
En la tertulia que reunió al grupo de seguidores hubo novedades, como la buena que anunció su editor al comunicarnos que en este año publicará una obra póstuma suya, una novela que pocos antes días de su fallecimiento repentino le había dicho que ya estaba lista para la imprenta.
Otra voz se preguntó por qué no intentábamos perpetuar su memoria con la creación de una cátedra vinculada a la Universidad de Oviedo, similar a las que existen dedicadas a Ángel González o Leonard Cohen, esta vez ligada al departamento universitario de Filología Inglesa porque fue la literatura en esta lengua la que introdujo en nuestra cultura. Además, sería el depositario que recogería los numerosos documentos que, según su familia, dejó en este mundo.
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