Así es Fregenal de la Sierra, una ciudad (título otorgado por el rey Amadeo en 1875) situada entre Sevilla (de cuyo Concejo formó parte desde el reinado de Alfonso X en 1253 hasta su disolución en 1833) y la diócesis de Badajoz.
El topónimo ya ofrece algunas pistas. Antiguamente llamado Frexnal y Frexenal, el nombre está relacionado con el “sauce”, que procede del latín FRAXINUS, el árbol sagrado para los templarios, que son los que construyen el castillo que ocupa el centro histórico de la ciudad.

Con el paso del tiempo, la fortificación fue perdiendo su función defensiva, pero los habitantes le buscaron otras ocupaciones a los huecos que iban quedando sin uso. Así, en el centro del castillo, con forma más o menos rectangular, lograron ubicar en el XVIII una plaza de toros con su albero perfectamente circular. Los muros almenados del castillo también sirvieron para adosar la iglesia más popular y la plaza de abastos cubierta. Pan y circo para el pueblo, además de todo el barroco religioso, sustento del orden secular. Todo ello dio lugar a la plaza más importante de la ciudad donde se ubicó el ayuntamiento, la oficina bancaria con más arraigo, la farmacia, bares, restaurantes y dos cines: el Coliseo y el Cinema Bravo, en honor a su ciudadano más ilustre, Juan Bravo Murillo, que llegó a ser presidente del Consejo de Ministros en dos ocasiones a mediados del siglo XIX.

El segundo elemento del topónimo poca luz necesita, dada su claridad, la que tiene en todas épocas las dehesas de encinas y alcornoques de Sierra Morena, la cordillera que separa la meseta con la gran depresión del Guadalquivir.
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