El enano moro entre su amante y la loca

Es necesario, en primer lugar, alabar la valentía de la profesora Lioba Simon Schuhmacher por haber abordado en un libro («Desde el jardín en Lausana. El proceso hacia la locura de Clarisse G.». Editorial Almuzara, 2025) un proceso ocurrido durante la segunda mitad del siglo XX en Oviedo.

No le debió de resultar fácil esta aventura literaria por el enorme poder que todavía hoy detenta una de las partes del conflicto. Puede ser una de las razones por las que el libro esté publicado en Córdoba, lejos del lugar donde ocurren los hechos. Tiene que ser una extranjera, profesora universitaria, la que saque a relucir por escrito un episodio conocido por todos los carbayones, pero que nadie osó publicar.

En la posguerra se movían por las calles de Oviedo diversos personajes más o menos estrambóticos (la Coronela, la Princesita, Manolín el gitano) que llamaban la atención de los vecinos, sin que nadie reflexionara sobre la causa de sus desatinos. Parecía que los ovetenses habían hecho suyas las aventuras quijotescas, que a unos daban pena y para otros constituían una simple diversión.

Una de esas figuras callejeras era Clarisse, la suiza. Había sido la mujer de un eminente catedrático y académico. Entre ellos surgió en 1946 la chispa del amor durante la estancia que tuvo el profesor ovetense en Suiza, la tierra de Ferdinand de Saussure, el padre de la lingüística estructural e iniciador de la Escuela de Ginebra.

El enlace se celebra en Suiza (1947) por los ritos católico y calvinista, además de otras dos celebraciones civiles, una que se atiene a la legislación helvética y otra cuarta en la embajada de España según las leyes españolas. En 1951 nace en Oviedo su único hijo, el mismo año en el que el gramático obtiene la cátedra en la Universidad de Oviedo.

Clarisse era estudiante de Idiomas Modernos en Berna, la misma universidad donde acudió como lector el profesor español. Fueron estos conocimientos de las lenguas centroeuropeas las que le sirvieron a la suiza para traducir al profesor visitante las teorías lingüísticas que estaban naciendo en aquellos momentos de efervescencia filológica. Cuando acaba la estancia del profesor en Suiza, el matrimonio se traslada a España. Clarisse abandona los estudios universitarios para convertirse en traductora y secretaria del gramático, que así se acerca a las teorías que emanaban de las Escuelas de Copenhague y Praga, también conoce el funcionalismo lingüístico de Louis Hjelmslev, Eugene Coseriu, André Martinet, Roman Jacobson o Nicolai Trubetskoi. Producto de este trabajo matrimonial es la publicación en España por parte del profesor de tres libros que dan un vuelco a la gramática tradicional: “Fonología española según el método de la Escuela de Praga” (1950), “Gramática estructural (según la escuela de Copenhague y con especial atención a la lengua española)” (1951) y “Estudios de gramática funcional del español” (1970).

A partir de 1966 el profesor ovetense comienza a tener relaciones con una alumna con la que se casa algunos años más tarde (1977). Aunque la labor investigadora del gramático no se detiene, ya no continúa con los trabajos investigadores que le habían aupado como el padre del funcionalismo lingüístico en la lengua española. La vida adúltera del profesor le había alejado totalmente de Clarisse. Además, un  tribunal eclesiástico anula en 1974 su matrimonio católico, a pesar de los años de vida en común con un hijo.

Fue un paso más en el distanciamiento con Clarisse, la traductora que le había abierto las ventanas de la filología más vanguardista, la que le arrimó las escaleras por las que el gramático ascendió a la cátedra universitaria y, por tanto, a un privilegiado status social en una capital provinciana.

Pero hubo más, Clarisse, sin oficio ni vínculos familiares en España, pierde también las amistades matrimoniales, que se alían con la prestigiosa aureola del catedrático. Con el tiempo y sin ninguna mano a que agarrarse  se va alejando de una realidad en la que su marido y la querida la van arrinconando hasta que pierde la cabeza por completo. Muere sola y pordiosera en el hospital psiquiátrico en 1984 con 58 años.

En Oviedo, la antigua Vetusta de la novela La Regenta de Clarín, se vuelve a repetir un siglo después una historia similar. Clarisse Grenier y Ana Ozores terminan relegadas en una ciudad cerrada e hipócrita, un lugar donde se imponen las leyes del más fuerte, a pesar del adulterio en el franquismo y de la sentencia del tribunal eclesiástico de la Rota.

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