Ciclismo y capitalismo

¿Es de los que piensan que la bicicleta es el símbolo del proletariado? El libro titulado Ciclismo y capitalismo (de la bicicleta literaria al negocio de espectáculo) de Corsino Vela, en la editorial ovetense Cambalache, nos ofrece con abundantes datos una buena reflexión sobre este instrumento básico en la movilidad.

En términos generales, la bicicleta es un artilugio con una simplicidad mecánica que le otorga un encanto que no deja indiferente a nadie. En un principio, fue el símbolo del proletariado, un artefacto que mueve a las masas de un sitio a otro. Pero ese esfuerzo sobre la máquina se convirtió rápidamente en superación y muy pronto, con otra pedalada más, se llegó al récord, en llegar primero a la meta, y más tarde, en una competición en la que las empresas patrocinadoras exhiben sus mercancías. De este modo, este instrumento de transporte de la clase obrera es transformado por el capitalismo en negocio. Así, el autor presenta al ciclista como un galeote atado a las bielas de la máquina con el que la industria fabrica ídolos de usar y tirar en una sociedad consumista.

Fue Henri Desgranges en 1903 el que crea el gran espectáculo con el Tour de Francia. A partir de aquí, la explotación del esfuerzo del ciclista se mitifica para darle el áurea de un héroe romántico que lucha en unas condiciones extremas contra otros como él, pero en realidad no deja de ser una mercancía susceptible de ser revalorizada en la economía especulativa del espectáculo de masas. Este proceso se agrava con la tecnificación que supone el negocio competitivo. No olvidemos la muerte de Tom Simpson, intoxicado por la explosiva mezcla de anfetaminas y alcohol, cuando escalaba a pleno sol las terribles rampas de Mont Ventoux en el Tour de 1967.

Además, el ciclismo profesional encaja a la perfección en el sistema capitalista porque establece el orden social jerarquizado en la organización del trabajo (director, líder, pelotón, esprínter, rodador, escalador, lanzador, masajista, médico, mecánico, etc.)

Al libro quizás le sobra el término capitalismo porque la idea de deporte que aquí se expone es también la que prevalecía en las sociedades del llamado socialismo real, con el agravante de que el deporte en general formaba parte del proselitismo político de esos países, donde el uso de estimulantes prohibidos estaba propiciado desde las más altas instancias políticas.

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