La mina de las calaveras

La entrada a la mina ya tiene forma de calavera. El sistema de pilares que la forman le dan esa imagen siniestra de muerte. Paradójicamente, son esos pilares los que le dan vida porque constituyen la protección necesaria para que se mantenga incólume desde el Neolítico.

Entrada a la mina de cobre (Foto de África Muñiz)

Porque fue en los últimos momentos del Neolítico cuando un clan cavernario de cazadores y recolectores comenzó su labor de escarbar en un lugar que estaba teñido de un color especial, con unos brillos desconocidos. Hozaron la tierra con sus propias manos y con las cornamentas de los animales que cazaban hasta que lograron separar los primeros minerales, sobre todo el cobre. Este gesto, aparentemente inútil, insignificante, fue en realidad un paso de gigantes porque con la manipulación de los minerales el ser humano deja atrás el Neolítico o Edad de la Piedra para comenzar la Edad de los Metales, que en su primera fase se caracteriza por el manejo del cobre, que unido en aleación con el estaño dará paso a la siguiente etapa, la Edad del Bronce, previa a la del Hierro.

Con el mineral hicieron herramientas como cuchillos y punzones, también armas como puntas de lanza por lo que es de suponer que se pudieron imponer con facilidad sobre las tribus limítrofes que desconocían esta manufactura. Un paso más en la evolución humana. Muchos años después Armando Palacio Valdés volvería a presentar la misma oposición entre campesinos y mineros en su novela La aldea perdida.

Entrada a las galerías (Foto de Pablo Lavilla)

Dentro de la mina se encontraron 16 esqueletos que nos permiten datar su antigüedad con la fiabilidad que ofrece el carbono 14. Es muy posible que sean las primeras víctimas laborables de las muchas que producirá la minería hasta nuestros días. Es así porque aparecieron sepultados con sus rudimentarias herramientas de trabajo en el tajo, algo poco probable si se tratara de un ritual funerario, como opinan algunos.

La explotación minera está situada en la falda suroriental del macizo del Aramo, en el centro de Asturias, y su explotación casi llega hasta nuestros días porque los ingleses la explotaron desde finales del XIX hasta 1931. Posteriormente, la autarquía franquista la mantuvo abierta hasta los años sesenta en que se cerró definitivamente.

Galería moderna (Foto de Emilio Medina)

Además del socavón prehistórico (en la parte más alta, a 1.165 m), todavía quedan en diferentes cotas de altitud restos como el poblado minero de Rioseco (700 metros más abajo) formado por viviendas obreras, la casa de los ingenieros, caballerizas, tolvas, depósitos, chimeneas y otros vestigios mineros.

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