Aunque actualmente la ciudad de Oviedo está inmersa en una gran operación de divulgación para dar a conocer sus bondades, como la pasada Capital Española de Gastronomía 2024 o la posible Capital Europea de la Cultura 2031, el gran reto propagandístico lo tiene ganado desde el 13 de marzo de 1075, hace ahora 950 años.
La apuesta en aquel momento era fuerte, consistía en traer al rey de León Alfonso VI, el conquistador de Toledo, y a todo su séquito para que participaran en el evento más esperado por la cristiandad hispana, la apertura del Arca Santa, uno de los relicarios más completos de los traídos de Tierra Santa.
Con el amparo legal del culto a las imágenes religiosas aprobado en el Concilio de Nicea en el año 787, los centros eclesiásticos en la Edad Media se dan cuenta de que su pervivencia física depende del poder de atracción que tenga en los fieles. Surge entonces una fiebre por atesorar toda clase de objetos con los que seducir al mayor número de visitantes. Cuantas más reliquias formen parte del muestrario milagrero más ingresos tendrá el centro. Es un reclamo que funcionó con la precisión de la mejor industria turística del momento.
Fieles a esta norma, uno de los fetiches religiosos más duraderos es el descubrimiento de la tumba de Santiago en Compostela durante el reinado del rey asturiano Alfonso II. Movió a miles de peregrinos y una parte importante de la cultura europea circuló por su itinerario, pero la consolidación de la Reconquista en las tierras ribereñas del Duero hizo que el Camino por la llanura mesetaria fuese más seguro y rápido que el que comunicaba Oviedo con Santiago. Con este cambio en el trazado, Oviedo cayó en el olvido de los peregrinos, lo que dio lugar al dicho lastimero:
El que va a Santiago
y no va al Salvador
visita al criado
y deja al Señor.
Para solventar esta contrariedad, el obispado ovetense recuperó un relicario olvidado durante 80 años en lo alto del inhóspito Monsacro, un arca salvada milagrosamente en Palestina que recorrió Egipto, Cartagena, Sevilla y Toledo hasta que terminó en zonas norteñas.
El reto propagandístico se preparó a conciencia, con la teatralidad de una presentación en el que se decía que el obispo Ponce y otros clérigos habían quedado ciegos por el resplandor del Arca, que habían pretendido abrir por su cuenta. El acto principal no podía defraudar. Alfonso VI la abrió con todo el boato real para mostrar a la cristiandad las 85 reliquias guardadas en su interior, algunas tan fantásticas que hoy producen estupor o no se nombran por sonrojo: madera de la cruz, 8 espinas de la corona, leche de la Virgen, maná que sirvió de alimento a los judíos en su travesía por el desierto, cabellos de Magdalena, pan de la Última Cena, un trozo del pañal que lo abrigó en el pesebre, etc.
Este nuevo foco de atracción hizo que el Camino de Santiago hiciera un quiebro en León para dirigir a los peregrinos a Oviedo por el llamado Camino del Salvador.
El desenlace teatral al reto catedralicio fue la bula promulgada por el papa Eugenio IV en 1438 por la que ofrece indulgencia plenaria a los que visiten la catedral ovetense durante las fiestas septembrinas de la ciudad, una bula actualizada por el papa polaco Juan Pablo II en su visita a la ciudad en 1982.
Por fin, la catedral de Oviedo se equiparaba con la de Compostela en el perdón de los pecados por una indulgencia papal.
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