Esencia gallega

Arrinconada en el fondo de la ría, protegida de las devastadoras marejadas atlánticas y de los saqueos normandos y vikingos, los primeros pobladores del lugar se arremolinaron en torno al primer puente (del latín PONTEM VETERAM procede el actual nombre de Pontevedra), aunque en estos momentos hay puentes de piedra, de cemento, metálicos y atirantados, un símbolo de la ciudad que aparece en su escudo.

Otra de las características del urbanismo pontevedrés, en el que el peatón puede disfrutar de suelos y fachadas graníticas, es su entramado callejero en torno a plazas de todo tipo, desde la minúscula plaza de la Leña hasta la enorme Alameda, pasando por la plaza de la Verdura, de la Hierba, Pedreira o la de las Cinco Rúas. Entre ellas, la abundancia de calles porticadas da fe de su rico pasado comercial, que en el siglo XVI la convirtieron en la ciudad más poblada de Galicia, gracias a que supo aunar los productos  que movía en el puerto marítimo con su vinculación con el mundo campesino.

Después, las paredes de algunas casonas dieron morada a dos genios de la cultura, esencia gallega.

Valle-Inclán

Fue en Pontevedra donde inició su andadura estética don Ramón María del Valle-Inclán, no solo por el uso de sus característicos sombrero y capa o por su peculiar barba, también aquí publicó su primer libro, “Femeninas. Seis historias amorosas” (1894) con una clara orientación modernista con episodios amatorios de la historia de la literatura en los que aparecen heroínas adúlteras, bacantes y jóvenes matronas, un adelanto adolescente de lo que más adelante serán las “Sonatas” (1902 “Sonata de otoño”).

De la misma época, aunque con otro estilo, más conciso, pero no menos ácido, se asienta Alfonso Rodríguez Castelao en Pontevedra, ciudad con la que tuvo una estrecha relación, de la que fue diputado durante varias legislaturas.

Los dos artistas coinciden en deformar la realidad con ácidas caricaturas cargadas de un humor sarcástico (fundamentalmente gráficas con Castelao, esperpentos literarios en el caso de Valle-Inclán) en las que desmitifican con contundencia los diferentes caciquismos de la época (agrario, urbano, cultural, político, económico, etc.). Dos potentes gotas de una lúcida esencia gallega que disolvieron la densa nebulosa que siempre envolvió la sociedad de principios del siglo XX.

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