Santiago vs. san Millán

A medida que los reinos cristianos se van consolidando en el norte peninsular, surge entre ellos un afán por emular la figura mágica de Santiago, el estandarte más eficaz creado en la corte de Pravia o de Oviedo. Fue a instancias del Beato de Liébana, auténtico cerebro en la consolidación norteña frente a la norma toledana. No solo había construido la figura fantástica de un caballero subido a un caballo blanco para vencer a los musulmanes, sino que también había conseguido algo más asombroso, crear un lugar de peregrinaje en unos tiempos en los que pueblos enteros estaban huérfanos de modelos a los que seguir. Por tanto, la figura de Santiago matamoros en el campo de batalla y la iglesia de Compostela como centro de peregrinaje significaron todo un referente en el cristianismo.

Era el momento en el que las reliquias llegaron a constituir el reclamo más potente que podía tener un centro religioso para atraer la llegada de peregrinos y así poder sobrevivir y agrandar su prestigio y riqueza. De esta forma, la tumba del apóstol Santiago empezó a ser el templo más visitado del occidente continental europeo.

Cuando la corte más combativa se traslada a León, el nuevo centro político-religioso intentó crear su propia marca. Ensalzó la figura carismática del obispo de Sevilla, san Isidoro, como el caudillo que lidera la lucha contra los mahometanos, como así figura en el pendón de Baeza. Por el juglar del Poema de Mío Cid sabemos que el rey Alfonso VI (el conquistador de Toledo) invocaba constantemente en sus batallas la figura de san Isidoro. El reclamo de su cuerpo guardado en el monasterio leonés de san Isidoro debía de tener el mismo éxito que el enterrado en tierras gallegas. (ver https://elgamusino.blog/2024/12/09/santiago-vs-san-isidoro/)

También en otros territorios más orientales, en el reino de Nájera-Pamplona ensayaron otra propuesta similar. Debían detener en sus dominios las oleadas de peregrinos que pasaban de largo para llegar a Compostela por el Camino de Santiago. Para ello emplearon el prestigio de san Millán, un monje muy popular que vivió 101 años como eremita en los montes riojanos. Y efectivamente, sus reliquias provocaron un entusiasmo religioso que obligó a levantar un enorme monasterio de nueva factura en el centro del valle donde vivió el santo, al que pintaron con una figura similar a la de Santiago, sobre un caballo blanco, pero vestido con los hábitos clericales.

Mural en monasterio de san Millán de la Cogolla donde aparece la figura de san Millán matamoros sobre un caballo blanco y espada flamígera

Su influencia hizo que llegase a ser patrón de castellanos y navarros y durante bastante tiempo el Vaticano lo tuvo como copatrón de España, junto a Santiago.

A este propósito de detener el flujo peregrino en La Rioja también contribuyeron los textos del primer poeta conocido, Gonzalo de Berceo, un clérigo que empieza a usar un estilo nuevo, un “mester fermoso”, que quiere competir con la labor de los juglares con el llamado Mester de Clerecía, un arte poético aprendido en la efímera Universidad de Palencia. En algunos textos propagandísticos («Vida de san Millán», «Vida de santo Domingo de Silos», «Poema de santa Oria», etc.) ensalza vidas ejemplares que se deben seguir y pide la visita a los monasterios que patrocinan sus poemas. De esta manera, el primer poeta conocido es también el primer autor que hace propaganda de los monasterios que los peregrinos tienen que visitar y también enriquecer.

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