Ya quedaron dichas en otro momento las causas que motivaron a la incipiente monarquía asturiana la «inventio» del sepulcro del apóstol Santiago a principios del siglo IX y su posterior peregrinaje. (ver https://elgamusino.blog/2017/06/29/los-caminos-de-santiago/ )
Este éxito hizo que otras cortes imitaran el modelo vigente por otro que pudiera retener las oleadas de peregrinos en sus tierras. Así lo hizo el Reino de León al proponer a San Isidoro «el más santo de los sabios y el más sabio de los santos» (ver https://elgamusino.blog/2024/12/09/santiago-vs-san-isidoro/ ) como el caudillo que dirige las tropas cristianas frente a las mahometanas. En el pendón de Baeza, que se conserva al lado del Panteón de los Reyes de la llamada «Capilla Sixtina del románico español», aparece subido a un caballo blanco, similar al que montaba Santiago.
También en Navarra intentaron frenar el flujo de peregrinos para retenerlos en sus monasterios (ver https://elgamusino.blog/2025/05/02/santiago-vs-san-millan/ ). Para ello propusieron las virtudes de San Millán, un monje muy popular que vivió 101 años como eremita en los montes riojanos, con el fin de que los peregrinos visitasen sus reliquias en el monasterio de san Millán de la Cogolla. Durante algún tiempo el Vaticano lo consideró copatrón de España, junto a Santiago. En el citado monasterio también aparece montado sobre un caballo blanco en su avance sobre las tropas musulmanas.
A pesar de estos intentos, y algún otro más, la figura milagrera de Santiago Matamoros se impuso con rotundidad sobre los demás. Es un fenómeno de masas que también tuvo sus horas bajas, pero fue en 1993 cuando la Xunta de Galicia se atrevió a competir con la Expo de Sevilla o los Juegos Olímpicos de Barcelona que se habían celebrado el año anterior. La respuesta popular fue abrumadora.
Con el exitoso reclamo del Xacobeo se potenciaron otros caminos que llevan al mismo destino. Todos tienen ciertas características que los identifican con menor o mayor acierto. El llamado Camino Primitivo, que parte desde Oviedo, antigua corte, ofrece un trazado boscoso y abrupto, lo mismo que el que discurre por la costa norteña. Por el contrario, en el Camino Francés, el que pasa por la meseta situada al norte del río Duero, predominan las sendas polvorientas entre extensos páramos y planicies cerealísticas. En uno de los recorridos más recientes, el llamado significativamente Camino Olvidado (ver https://elgamusino.blog/2024/08/21/santiago-y-el-carbon-del-camino/ ) lleva el recuerdo del carbón, el que transportaba el tren de la comarca leonesa de La Robla a la siderurgia de Bilbao por un recorrido bastante cercano a la ruta jacobea.
Hay otro camino totalmente atlántico, el que se puede comenzar en Oporto, es el llamado Camino Portugués de la Costa. Las señas de identidad de este camino viene dadas por su peculiar orografía, entre las brisas y ventoleras de sus interminables playas atlánticas y las llanuras donde se asienta un caserío de factura a menudo moderna. Siempre arena y piedra. Y también grandes puertos comerciales (como Matosinhos o Vigo), refinerías (Petrogal) puertos pesqueros (A Guardia), pasarelas kilométricas sobre las dunas, puentes (como el situado sobre el río Neiva, construido con losas de piedra o el que supera la ría de Pontevedra), casonas blasonadas, pazos (como el de Pías, convertido en albergue), calles que serpentean por cascos medievales, ríos que es necesario vadear en lancha (el Miño en su desembocadura), monasterios (Santa María de Oia), faros (Silleiro) y también aguas termales (Caldas de Reis), tan distintas de las frías del océano.

Puente sobre el río portugués Neiva. Al fondo, un molino
La arena es el elemento básico que conforma las playas, donde queda recluida. Todo lo demás es granito y bosque. De granito son las construcciones que los humanos levantaron para sus casas, para los muros que las rodean y para los suelos que cubren todos los caminos portugueses, bien como adoquines cortados al milímetro, piedras irregulares, lastras o con grandes moles graníticas que nos recuerdan que alguna vez existió el Neolítico. En la parte portuguesa se repite siempre la misma configuración con los planos horizontal y vertical revestidos de granito, que en la parte española se sigue repitiendo, excepto en el suelo, donde predomina la tierra.
La llegada a Santiago recuerda, una vez más, a sus peregrinos que el granito es la materia con la que está construida la eternidad.
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