Existen algunas ciudades con las cualidades necesarias para que sean consideradas de forma diferente. Una de ellas fue fundada por los griegos como Bizancio, refundada muchos siglos más tarde como Costantinopla por un emperador romano, aunque actualmente la conocemos con el nombre otomano de Estambul. Son tres nombres que nos dan idea de las raíces que sustentan uno de los lugares más poblados del planeta, una ciudad donde entraría la mitad de los españoles.
Cada uno de los nombres nos indica las características que conforman su fisonomía y el carácter de sus gentes. Además, es la única ciudad que pertenece a dos continentes. Dos continentes y dos culturas. Dos culturas enfrentadas que, paradójicamente, constituyen la base esencial de la cultura actual.
Nació hermanada con su vecina y odiada Grecia. Como buenos hermanos, las riñas y peleas (en sus islas y en tierra firme) forman parte de su existencia, crecimiento y personalidad. En la actualidad todavía existe una isla (la única del mundo) dividida en dos por una franja controlada por cascos azules dependientes de la ONU. Es Chipre, que tiene ocupada la parte norte por la República Turca del Norte de Chipre, un nombre que solo es reconocido por una de las partes. (Para más información sobre Chipre, véase https://elgamusinoblog.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=694&action=edit)
La posición estratégica de Estambul en torno al estrecho que comunica dos mares y dos continentes ya llamó la atención desde antiguo. Esto hace que la vecina Troya (también fronteriza en los Dardanelos) haya inspirado dos de las obras literarias más universales.
Más tarde, cuando el imperio romano y su capital entran en crisis, el emperador Constantino pone el ojo en el enclave oriental y traslada allí su sede y la bautiza con la estética de una nueva religión. Construye un grandioso hipódromo y la primera basílica cristiana, santa Sofía, un edificio que resume la evolución de la ciudad.
En realidad, habría que llamarla a la manera griega, Hagia Sophia “santa sabiduría”, porque para el cristianismo no existe una santa con ese nombre. Fue levantado como templo cristiano, entre la iglesia de santa Irene y el hipódromo. Más adelante, se remodeló para convertirla en iglesia ortodoxa y con los cruzados fue catedral católica, pero con la llegada de los otomanos se transformó en mezquita, a la que añadieron 4 estilizados minaretes. Su modelo fue copiado en las siguientes obras religiosas, como la que construye el sultán Ahmed, al otro lado del hipódromo, con seis minaretes, es la conocida mezquita Azul. Actualmente, en la ciudad se reparten con el mismo modelo más de 3.000 mezquitas. La última es la de Çamlica, inaugurada por el presidente Erdogan en 2019 con capacidad para 63.000 fieles y seis minaretes. Es este presidente, con ínfulas de sultán, el que volvió a recalificar santa Sofía como mezquita en 2020 contraviniendo la orden de Atatürk, el fundador de la República de Turquía, que la había declarado como museo (1931) dentro de su política por una sociedad laica.
Estambul, ciudad de contrastes, el lugar por donde transitaron (y arrasaron) todos los pueblos de los dos continentes que lo forman. La urbe donde todas las culturas dejaron su señal identitaria, abierta a todos los vientos, como el Bósforo que tiene a sus pies, es con el nuevo sultán, el presidente Erdogan, también un lugar caliente en la que la disidencia se castiga, como es el caso del reciente premio Nobel (2006) Orhan Pamuk, el escritor que busca el alma contradictoria de su ciudad, la misma que lo amenaza de muerte y que ha ocasionado su exilio.
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