Eternidad

La íntima relación que hay entre la tierra y el mar se hace más visible en las Rías Bajas gallegas, cuando uno de los elementos se come al otro durante la mitad de la jornada. La parte terrestre se defiende con lo más sólido que tiene a mano, el granito, con él se construyen casas y caminos. Solo desde lo alto, el azul del cielo proclama su independencia.

En torno a pazos almenados, casas blasonadas, cementerios y robustas iglesias siempre se levantan pilares de granito que sujetan las uvas en unas parras antiguas que resistieron en su momento la plaga de la filoxera.

Cementerio en torno a las ruinas de la iglesia de santa Mariña Dozo

En algunas noches de bruma y misterio, cualquiera que se atreva a pisar el suelo de las rúas empedradas de Cambados podra encontrarse con la Santa Compaña, una triste hilera de figuras erráticas con ojos apagados que siguen al que lleva un caldero lleno de agua fría. Si es así, procure evitarlos escondiéndose con pasos sin huella en la oscuridad de una parra porque alrededor de las ruinas de la iglesia de santa Mariña Dozo, el cementerio tiene abierto algún hueco para usted, seguramente protegido por muros de granito, muy cerca del cielo y de las parras que se apropian de los aromas con los que se endulza la eternidad.

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