Carpe diem

Ya lo dijo muy claro Segismundo en el monólogo de La vida es sueño:

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Un frenesí o una ilusión. Una de las pocas diferencias que nos aleja a los humanos de las bestias es que nosotros tenemos conciencia de la caducidad de la vida. Una terrible conciencia que nos inquieta desde los orígenes de los tiempos. Fue esta duda existencial la que nos obligó a crear dioses a los que otorgamos los poderes y la sabiduría que no tenemos, como el mundo de ultratumba.

De aquí deriva el diferente comportamiento humano. En algún momento de la vida, más o menos largo, los humanos se darán cuenta de que la vida es demasiado corta y por tanto hay que disfrutarla con un delirio furioso, es el tópico literario del carpe diem.

 

Carpe diem

Por el contrario, en otros momentos de la vida, también más o menos extensos, esos dioses que creamos nos recordarán que hay otras vidas, y que la terrenal es solo una ilusión, una sombra, una ficción en la que ellos manejan los hilos. Es la religión.

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