Viriato, el estandarte sayagués

Hay lugares en los que la historia quedó escrita en las grietas de los roquedales, que más tarde la naturaleza erosionó y sus habitantes abandonaron hace tiempo. Una esquina en la que el río Duero cose con soledad y olvido una honda y larga cicatriz de granito en Los Arribes. En la parte portuguesa, Trás-os-Montes se extiende aún más hacia el norte. En la parte española, Sayago lo hace hacia el este.

Arribes del Duero. A la izquierda, Trás-os-Montes. A la derecha, Sayago

Alejada de la meseta cerealística y de los viñedos que riega el río antes y después, esta abrupta zona tiene en la actualidad una de las densidades de población más bajas de Europa, aunque en otros tiempos por aquí se instalaron los celtas vetones, pueblo dedicado al pastoreo.

Después de arrastrarse, silencioso y manso, por la aplastada barriga castellana, el río Duero da un inesperado giro de más de 90 grados hacia el sur y despeña sus aguas por los muslos de Los Arribes para descender 400 metros entre murallas de granito que separan durante más de 100 kilómetros los dos países de la península ibérica. Es entonces, ya en Portugal, cuando empieza a ser navegable hasta el final del trayecto.

El Duero entra en Los Arribes zamoranos reforzado por las aguas del Esla, más caudaloso pero más corto, y en Las Arribes salmantinas confluye el Tormes.

Del latín AD RIPAS “en la orilla” procede el topónimo Arribes, y su terminación en -es delata una de las características de la lengua asturleonesa de sus moradores, habitantes del reino que tuvo la corte en Asturias, trasladada a León en el año 914. Todavía hoy, en la zona portuguesa de As Arribas es lengua oficial el mirandés, emparentada con la lengua del antiguo reino que por esta parte llevó a cabo la llamada Reconquista hacia el sur. En la literatura del siglo de Oro era habitual colocar a un sayagués como personaje rústico que habla mal el castellano. En la parte portuguesa, los trasmontanos, también alejados de los grandes núcleos productivos como indica su topónimo, viven en el abandono que solo los emigrantes retornados pueden revitalizar.

Uno de los pastores que se movió por estas tierras ingratas pudo haber sido Viriato, el terror de los romanos, según dice la placa que acompaña al guerrero en un monumento que se levanta en el centro de la ciudad de Zamora.

Es en Sayago, la zona zamorana arrinconada entre los precipicios de los ríos Duero y Tormes, donde se sigue celebrando todos los años la romería de los viriatos o pendones en torno a la ermita de Nuestra Señora del Castillo en Fariza, construida sobre un lugar de culto pagano.

Nuestra Señora del Castillo. Fariza (Sayago)

Visible desde los dos Arribes, acoge por igual a sayagueses y trasmontanos, como probablemente sucedió hace muchos años, cuando los legionarios de Roma llegaron para arrebatarles el oro de sus entrañas, como atestigua la cercana explotación aurífera romana Pino del Oro.

 

 

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