EL ESPINAZO DEL DIABLO

No hay duda de que, a veces, para tener una visión más amplia, es necesario levantar el vuelo y ver el objeto desde el aire. Es lo que ocurre con el macizo de La Ubiña, en la cordillera Cantábrica. Visto a ras de suelo, el macizo parece una sierra con docenas de dientes capaces de rasgar el mismísimo cielo, pero si lo vemos desde el aire, con el permiso de Google Earth, cambia totalmente la imagen.

A vista de pájaro, se perciben los restos de lo que fue un macizo mucho más compacto, un gigantesco pliegue, del que queda al sur la rugosidad de la Ubiña. Pero el tiempo hizo que esa mole se fuese desmoronando hacia el norte, donde actualmente solo queda la espina de esa enorme protuberancia geológica. Esa espina surge abruptamente desde la verticalidad de la pared norteña de la peña que da nombre al macizo y se dirige hacia el norte a través de Los Castillines y Los Fontanes. Más al norte, cuando parece que la espina dorsal de este animal descuartizado tiende a suavizarse, es donde se levanta el espinazo que los humanos llaman Los Huertos del Diablo.

A los pies de este gigante, como un mastín ovillado, duerme Peña Sobia. A los lados, dos dignos centinelas, Peña Rueda y el pico Feirrerúa, vigilan desde lo alto el espinazo del diablo.

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