emoticonos

La Fundación del Español Urgente (Fundéu) acaba de reconocer como palabra del año a emoji.

Tras elegir escrache en el 2013, selfi en el 2014, refugiado en el 2015, populismo en el 2016, aporofobia en el 2017 y microplástico en el 2018, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por destacar el papel de estos pequeños símbolos en la comunicación.

“Creemos más bien que constituyen un elemento más que contribuye a lograr el fin último de las lenguas: la comunicación entre las personas», señala el coordinador general de la Fundéu BBVA, Javier Lascuráin

«En un mundo marcado por la velocidad, los emoticonos aportan agilidad y concisión. Y en un entorno en el que buena parte de lo que escribimos, sobre todo en chats y sistemas de mensajería instantánea, es comunicación oral puesta por escrito, estos elementos nos permiten añadir matices gestuales y de intención que de otro modo se perderían», añade.

 

Emoji es una palabra de origen japonés que en español debemos leer como “emoyi”, olvidándonos del valor fónico de nuestra “jota”. Dirán los castizos que tenemos los emoticonos, un acrónimo en el que el icono tiene un valor emotivo. Pero los especialistas dicen que son palabras con diferentes significados, Se reserva emoticono para la representación del estado de ánimo en textos electrónicos mediante el uso de signos ortográficos, como “🙂“, mientras que los emojis son pictogramas, representaciones gráficas, que no están en el teclado😎. Además, hay emojis con sonido, con movimiento, etc., que reciben otros nombres. Por tanto, ¿no sería mejor denominar emoticonos a todo tipo de pictogramas, independientemente de su elaboración?

Es verdad que muchos de ellos tienen el valor de la universalidad, el de poder ser entendidos por personas de muy diferentes culturas y lenguas. Como afirmó el presidente de la Fundéu BBVA, Mario Tascón, durante su intervención este año en el Congreso de las Academias de la Lengua en Sevilla, «puede que los emojis sean lo más cercano a un lenguaje universal que ha creado nunca la humanidad».

Efectivamente, puede ser un paso más para librarnos de la maldición de Babel, pero la prisa, la banalización y la generalización en la comunicación nos va a llevar a un estado tan elemental que cualquier gesto, sonido o pictograma nos vale para entendernos donde debía funcionar la precisión y la riqueza de la lengua articulada que tanto tiempo nos llevó conseguir a los humanos desde que nos erguimos en posición bípeda.

 

 

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