El nacimiento del Nora

Ya el propio nacimiento es un acto de rebeldía porque hace lo contrario que los otros ríos asturianos. En lugar de buscar un lugar umbrío que por naturaleza vuelque sus aguas al norte, el nacimiento del Nora es en la parte baja de una prado soleado que mira sin complejos al sur, a la mole caliza de Peña Mayor. Es la dirección que escoge con decisión mientras atraviesa los concejos de Sariego y Siero, pero este impulso de valentía adolescente se ve interrumpido cuando se da de bruces con el macizo del Naranco, que le obliga a cambiar el rumbo hacia el este para bordearlo y convertirse así en un río limítrofe, entre Oviedo y Llanera primero y entre Oviedo y Las Regueras en su tramo final, antes de dar las aguas al Nalón.

Nace en la parte baja de un prado de Valvidares (norte de Sariego, cerca del límite con Villaviciosa) con un leve murmullo que indica el inicio de una vida retorcida. Le acompañan en su nacimiento tres vecinos que le dan carácter al concejo de Sariego: el proyecto fallido que tuvo el llagar Foncueva para desarrollar el primer museo sidrero de Asturias, la mayor pomarada de la región y la última finca en la que se instaló la doma de caballos de raza.

Como un reptil que busca el calor del sur, culebrea silencioso entre una una vegetación agradecida que lo protege durante todo su trazado. Solo al final, en el momento en que se da cuenta de su muerte inminente, es cuando se adormece enroscándose en los meandros de Priañes.

Las aguas más altas de su cauce son el origen de los primeros topónimos que bautiza el río (Los Barros, La Barrosa, La Güelga, Ñora, con el significado de “lugar con agua” en todos los casos, además del propio nombre del río, un hidrónimo). Pero estas aguas empiezan a enturbiarse en el polígono de Santianes (Sariego) donde una fábrica de lejía adultera industrialmente su pureza juvenil. Esta marca química la portará con resignación durante toda su vida hasta casi el final, cuando la depuradora de Villaperi (Oviedo) vuelva a aligerar la densidad de sus aguas.

Uno de los puentes más sencillos sobre su cauce (Sariego)

En sus 70 km de recorrido, es el río de Asturias que más puentes tiene para salvar su cauce, un intento humano por coser sus riberas para formar un solo lienzo vegetal. Algunos puentes son modernos, pero los hay medievales, robustos y altivos, otros son pura filigrana de artesanía y con paciencia es posible encontrar pasos humildes, casi ocultos por la naturaleza que todo lo asalta.

 

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