El río de los íberos

 

Oculto por una alargada legión boscosa y protegido por los farallones de las cárcavas que va excavando a su paso, empieza a gatear errático el Ebro a su paso por Las Merindades.

Las condiciones de su nacimiento en el pico Tres Mares hacen que tenga una larga vida hasta su destino en el lejano Mediterráneo, a diferencia de sus hermanos (el Nansa y el Pisuerga), que buscan otros finales más cercanos.

Esta anomalía ya la manifiesta en su primera adolescencia, cuando se retuerce en el corazón del bosque buscando en los cuatro puntos cardinales su orientación. Más abajo, el insaciable apetito de la abundancia lo convierte en un río orondo y decidido a llegar muy  lejos en un viaje placentero.

Los hidrónimos Fontibre y Ebro lo relacionan claramente con los pueblos íberos, que llegaron a la península desde el norte de África. Diversas circunstancias hicieron que una parte de ellos se atrincherase detrás del río, en el espacio que media entre el curso fluvial y los montes cantábricos, con el mar a sus espaldas. Algunos dejaron su testimonio en topónimos (Báscones del Ebro, Báscones de Zamanzas, Basconcillos del Tozo, Bascuñuelos).

El carácter irascible del río lo hace difícilmente vadeable por lo que sucesivas oleadas de migrantes desistieron en el intento de cruzarlo. Fue lo que ocurrió con la segunda oleada africana, aguijoneada  por los ideales  musulmanes.

Sobre el arco natural se levanta en Puentedey las dos edificaciones fortificadas típicas de Las Merindades: la iglesia y la casa nobiliaria

Esta frontera natural la reforzaron mucho más los lugareños, que construyeron sus defensas en las torres parroquiales de planta cuadrada con una o dos troneras donde asoman con timidez las campanas que llaman a rebato a sus vecinos.

Torre defensiva de una iglesia sin ventanas (Las Merindades)

Con el tiempo, estos campanarios se transformaron en torres militares que darían origen a los castillos, símbolo del condado de Castilla en su expansión por la meseta cerealística.

Fue en este paraíso fluvial, feraz y espeso, en los bosques de Las Merindades, en contacto con otras lenguas íberas ya largamente asentadas, donde se desarrolla el latín peor hablado y más atrevido de la península, el hazmerreír de la elegante corte leonesa (prestigio de una herencia visigoda), el que iba a emplear el castellano en su avance  hacia el dominio de las tierras mesetarias situadas al sur del río.

Efectivamente, a diferencia de sus lenguas hermanas (gallego, catalán, francés, portugués, etc.), el castellano simplificó el complejo sistema vocálico latino en cinco unidades, eliminó sonidos (F, V) y otros rasgos que la caracterizan como la lengua más evolucionada y simple de todas las romances.

Puente medieval sobre el Ebro en Frías. En el centro del puente se levanta la torre donde se cobraba el portazgo

Solo falta que la RAE dé un paso de valientes en la ortografía por una vez y elimine de la escritura las letras inútiles.

 

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