La brevedad de tu nombre

Todo el que haya sentido cierta afición por los crucigramas sabrá el nombre del río formado solo por dos letras. Sí, es el Eo, el río que separa la costa asturiana y la gallega. A su vera se levantan las villas de Vegadeo y Ribadeo, que dejan clara su ubicación.

Ría del Eo. Al fondo, Castropol

Pero esta curiosa brevedad en el topónimo se adentra en la rasa asturiana con nombres como Tol, Ol, Brul, Tox, Bres y alguno más.

Es conocido que la procedencia de la mayoría de los nombres que designan un terreno tiene procedencia latina, pero no siempre es así. El pueblo de Tol se asienta en torno al río Tol, del que toma el nombre. Antes de la llegada de los romanos, los habitantes de este lugar llamaban TOL y TUL a la corriente de agua. Con el paso de los años, la latinización hizo que el significado del nombre cayera en el olvido por lo que hubo que indicarlo de nuevo con una palabra romance. Así surge la tautología de dos términos con el mismo significado, aunque distinta procedencia.  Es lo mismo que le ocurre a otros nombres de ríos, como Turia, Torío, Tolivia, Turón.

Tol es una palabra prerromana que significaba “río”

Con la caída del Imperio romano, llegan los visigodos que influyen muy poco en la lengua, aunque afianzan el sentimiento de permanencia al clan o a la estirpe, es el caso de los apellidos terminados en –ez (Fernández, Pérez, López, etc.) con el significado de “hijo de”. Este rasgo de posesión también se observa en la denominación de un terreno cuando se asigna el nombre del propietario. Es el caso de Brul, formado por un nombre germánico que empezaba por EBR-. El topónimo Ol indica que el propietario se llamaba Olus o Aulus. Lo mismo puede decirse de los actuales Castropol, Penzol, Sarzol, Buspol, Argul, etc. Bres se forma a partir del genitivo del poseedor BRICCIUS y Tox (que en la documentación medieval aparece como Todox) toma el nombre de un propietario llamado Theodosius.

¿Y dónde estaban los romanos? Ya sabemos que siempre se caracterizaron por el buen olfato para encontrar yacimientos de todo tipo de metales. No solo saquearon todo el oro que pudieron, como en los lagos de Salave, que alguna empresa quiere retomar en estos momentos. En A Grandela extrajeron hierro, donde más tarde se construyó un gran horno de ladrillo para quitarle las impurezas al mineral.

Horno abandonado de A Grandela (Castropol)

Esta explotación estuvo en activo hasta mitad del XX. Tampoco el nombre de este sitio tiene origen latino porque procede del precéltico y se extiende por casi toda Europa con el mismo significado: “ladera pedregosa”. Aquí, el topónimo lleva un sufijo diminutivo típico de la zona. Relacionado con el topónimo, el término GANDADIA dará lugar a la palabra minera gandaya, con el significado de “material estéril” y por extensión “persona que no aporta nada“.

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