La isla de las banderas (y las alambradas)

A pesar de haber sido el solar donde se asentaron las principales culturas de los tres continentes mediterráneos, la República de Chipre sólo tiene 53 años.

Desde que Ricardo Corazón de León se proclamara rey de la isla en la Tercera Cruzada, los ingleses nunca se olvidaron de la isla, en la que todavía mantienen acantonados más de 3.500 soldados en dos importantes bases soberanas que ocupan un 3% del territorio. No son sólo estos residuos colonialistas el precio que tiene que pagar actualmente la República por haber formado parte del Imperio Británico. Además, la isla está separada por una alambrada quilométrica en dos zonas irreconocibles. Las dos grandes culturas del Mediterráneo oriental todavía siguen escenificando sobre la isla una obra milenaria en la que se enfrentan los aqueos y los troyanos. La invasión turca en 1974 en el norte (un tercio de la isla) para formar la República Turca del Norte de Chipre es la afrenta del Paris homérico al quedarse con la hermosa Helena. El drama no va a más porque la llamada piadosamente zona de amortiguación separa con alambradas y garitas un pasillo de anchura variable por donde patrullan varios centenares de cascos azules de la ONU.

La ciudad prohibida de Varosha (Famagusta)
La ciudad prohibida de Varosha (Famagusta)

En la isla de Afrodita siempre se enarbolaron los estandartes de las potencias invasoras (el Imperio Romano y Bizantino), las cruces de los templarios y venecianos, la media luna de los otomanos y de los turcos, y todos los símbolos de poder que llevaban consigo los hombres del mar. En la actualidad no sólo se alzan banderas, en la colina norte de Nicosia está pintado en el suelo el símbolo turco en una superficie de varios quilómetros cuadrados, perfectamente visible desde toda la ciudad. Para más escarnio para la población grecochipriota, por la noche se ilumina.

En Nicosia —la última ciudad europea dividida en su centro, al lado del corazón, por una alambrada— ondea la bandera turca en la parte ocupada (un territorio que ningún país del mundo reconoce, excepto Turquía). El tridente formado por la griega, la chipriota y la de la Unión Europea en la parte sur. En el medio, en tierra de nadie y reclamada por todos, la pacificadora de la ONU. A lo lejos, la británica de las bases soberanas. Más al sur, las banderas de conveniencia (las modernas piratas) de los barcos matriculados en la ciudad portuaria de Limassol. En los hoteles, las de los países que hacen turismo en sus playas. Y últimamente, la que más se agita es la bandera rusa, el país que más turistas aporta, y el que más capital –no siempre lícito— ingresaba en sus bancos recientemente intervenidos.

Bodas de Sangre de F.G. Lorca en una biblioteca chipiota

Publicado en LITERARIAS (30-4-2013)

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